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Libros publicados
Enero 1, 2003 03:28 PM


Idearium Maceísta

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El general Antonio Maceo Grajales (1845-1896) se afincó por cuatro años en Costa Rica, al culminar su prolongado exilio en las postrimerías de la dominación del Imperio Colonial Español sobre Cuba. De puerto Limón partió el 25 de marzo de 1895 en la Expedición Costa Rica-Cuba que, al arribar a la provincia de Oriente, encendió el mechero de la rebelión armada tras el Grito de Baire. Esta obra contiene valiosos adelantos de una ingente investigación histórica que el autor realiza desde hace ocho años, en torno a la dimensión latinoamericana del legendario Héroe de Baraguá. La perspectiva ideológica y el pensamiento político del líder guerrero surgen como guía de su acción libertadora y como agenda de reforma social. Porque Maceo tuvo plena conciencia del cambio radical que debería engendrar el movimiento emancipador. • 485 páginas. • «Obra erudita, muy amena y muy bien escrita», Dra. Clotilde Mª Obregón Quesada, Áncora. • «Extraordinaria obra, comparable a un enorme cofre. Uno no termina de sacar de él diademas de brillantes, pendientes de esmeralda, cadenas de oro, anillos de rubí, etc.», Lic. Manuel Formoso, Página 15. • «Imprescindible en la historiografía de nuestra América. Revela a Maceo como estratega político y profundo pensador latinoamericanista», Dr. Eduardo Torres-Cuevas, La República.


El Siglo de Figueres

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Selección de artículos, discursos, ensayos y estudios ideológicos y políticos sobre el perfeccionamiento de la democracia en Costa Rica y en Latinoamérica; los padres fundadores del Partido Liberación Nacional, movimiento socialdemócrata surgido de la Revolución de 1948; la soberanía radiofónica: programa realizado en la Administración Monge Álvarez, 1982-1986; la libertad de expresión y el proceso democrático; el desarrollo socioeconómico en el marco de la democracia y la paz. El título de la obra corresponde al texto del autor publicado en El Día Latinoamericano (México), 25 junio 1990, que dice: «Ciertamente, el siglo 20 costarricense es el siglo de Figueres».
• 466 páginas. • «Armando Vargas fue la mejor y primera pluma que yo tuve como Presidente de la República para defender la neutralidad frente a los medios de comunicación y a los dirigentes políticos que se lanzaron contra nuestra Proclama de Neutralidad, presionados —y no quiero pensar cosas malas, o que pudieran resultar injuriosas—, por los grupos belicistas del Pentágono y del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos. Por un instante de la historia, esos factores belicistas presionaron hasta lograr que la política de Washington se concretara en actos muy negativos en Centroamérica. Fue Armando la pluma que polemizó con claridad y vigor, que salió lanza en ristre a defender la neutralidad desarmada, y ojalá algún día podamos coleccionar todo lo que escribió en defensa de la neutralidad». Don Luis Alberto Monge, en la ceremonia de presentación del libro. • «Y me senté y comencé a leer, y a leer, y a leer, y a leer, y a leer hasta que lo terminé. No se puede evitar el seguimiento de la reflexión crítica a la que nos convida el autor cuando dice: ‹estos textos pretenden constituir invitación al debate del pensamiento político›. Yo creo que Armando es un político de la mejor estirpe alajuelense, se identifica con ese enfoque profundamente democrático, participativo y antioligárquico que ha abierto este país hacia nuevas dimensiones democráticas». Dr. Francisco Antonio Pacheco, en la presentación del libro.


Batallas por la Neutralidad y la Paz

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Documentos y testimonios en defensa de la neutralidad de Costa Rica: conversación con los periodistas don Rodrigo Fournier y don Joaquín Vargas Gené en Fuego Cruzado de Canal 7; entrevista radiofónica con la periodista doña Nora Ruiz, Directora de Noticias Monumental; debate con el diario La Nación por una serie de editoriales contra la neutralidad. • 145 páginas. • «A mí me tocó asistir, como observador, a una polémica convocada por la televisión española sobre el caso de Nicaragua, con intervención de intelectuales y políticos centroamericanos y españoles, participando por Costa Rica Armando Vargas. Yo puedo decir que la defensa que Armando hizo del Gobierno costarricense, de su tradicional política de neutralidad y de la vocación pacífica de nuestro pueblo, fue de tal categoría intelectual, que me brindó la grata satisfacción espiritual, como Embajador en España, de recibir decenas de felicitaciones por contar Costa Rica con un Ministro tan brillante como el señor Vargas Araya». Lic. Enrique Obregón Valverde, en la Introducción.


Neutralidad o guerra

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Discursos en el segundo aniversario de la proclamación de la neutralidad, cuando el gabinete ministerial firmó con el Presidente de la República el proyecto de Ley de Neutralidad: «La neutralidad es el seguro de la democracia contra la guerra», por el Presidente de la República, don Luis Alberto Monge; «El Magisterio de la Iglesia endosa la política de neutralidad», por el Arzobispo Metropolitano de San José, Su Ilustrísima don Román Arrieta Villalobos; «La neutralidad restaurada», del ministro Vargas Araya. • 52 páginas. • «Los anales del desarrollo institucional de la democracia costarricense registrarán el 18 de noviembre de 1985 como fecha memorable. Ese día celebraban los poderes de la República y los ciudadanos amantes de la paz, el Segundo Aniversario de la Proclama Presidencial sobre la Neutralidad Perpetua, Activa y No Armada de Costa Rica. Pero la jornada culminó con la concreción de un hecho político de hondo significado: la firma del proyecto de Ley de Neutralidad por parte del Presidente de la República, el Vicepresidente y los Ministros de Gobierno. EL Poder Ejecutivo expresaba así, en imágenes y sonidos que transmitieron simultáneamente todas las estaciones de televisión y radio unidas en un enlace nacional, la decisión de asentar en el ordenamiento legal de la Nación tanto una política tradicional como el compromiso jurídico del Estado con la comunidad internacional de institucionalizar la neutralidad». De la Introducción.

La Neutralidad y la Paz de Costa Rica
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Conferencia dictada en Viena ante la Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores, por invitación de la Sociedad Austriaca de Política Exteriores y Relaciones Internacionales, 11 mayo 1984. Publicada bajo el título «La neutralidad de Costa Rica, importante aporte a la paz, la estabilidad y la seguridad de la América Central» en Le Monde Diplomatique (París), mayo 1984. • 64 páginas. • «Se intenta resumir en esta publicación los hechos principales registrados solamente durante los primeros seis meses de vigencia de la neutralidad de Costa Rica. La experiencia nacional con la neutralidad es cada vez mayor, conforme transcurre el tiempo y se arraiga más la política de lucha por la paz, la democracia y el desarrollo. Este texto no incluye, por ejemplo, las manifestaciones de los monarcas, jefes de estado y presidentes de los gobiernos de Europa visitados por el Presidente Monge en junio de 1984. Tampoco recoge las expresiones de respaldo a la neutralidad dichas en la Conferencia de San José que congregó, en setiembre de 1984, a 21 ministros de relaciones exteriores de Europa, América Central y el grupo de Contadora». De la Introducción.


Los mercados del audiovisual en America Latina y el Caribe

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Texto provisional. • Tras el descalabro argentino, la ortodoxia fondomonetarista persiste en el despropósito de tantear aquí la desnacionalización de la electricidad y de las telecomunicaciones. (La Nación, 15.II.02). ¡Adió! ¿Qué es eso? La realidad, la experiencia y la historia fundamentan la conciencia ciudadana que ataja tanta nesciencia. La generación eléctrica es a la sociedad lo que el corazón al individuo. La red de distribución eléctrica es al país lo que los vasos sanguíneos al organismo. Las telecomunicaciones son al cuerpo social lo que el sistema nervioso a la persona. ¿Quién se atrevería a consentir el control exógeno de sus funciones vitales? Ninguna nación en desarrollo alcanzó una cobertura del servicio de electricidad a 97% de los hogares concediéndose a capitales foráneos. Ningún país en desarrollo logró una teledensidad del 25% entregándose a operadores extranjeros. El capital foráneo con facilidad maximiza ganancias, difícilmente garantiza objetivos de desarrollo socioeconómico. Los videntes patriotas de la Liga Cívica tenían razón. Cuando la American Foreign Power Company vendía energía en el centro del país, una proporción baja de hogares se alumbraba con un diez de achiote y a cada rato había que cambiar la cucaracha. En telecomunicaciones, San José —todavía en 1963— compartía con Port-au-Prince el último lugar entre las capitales peor comunicadas de Latinoamérica. El concepto de la jota tuvo origen telefónico... Hasta hace poco, en electricidad y en telecomunicaciones éramos una banana republic. La estulticia fondomonetarista bastaría para desfondar la democracia, si la sabiduría ciudadana no impidiera la ejecución de las tropelías propuestas. Y si algún grupo o linaje no quiso comprender el vigor de la protesta cívica ante el Combo del ICE, no en vano se canta: «Cuando alguno pretenda tu gloria manchar, veraz a tu pueblo valiente y viril, la tosca herramienta en arma trocar». Así de serio es el asunto.
Ahora bien, las cosas no pueden continuar estancadas. Al ICE debe dársele la autonomía que requiere para operar con eficiencia. Es hora de transformarlo de institución autónoma en empresa estatal, con un régimen jurídico flexible. El financiamiento de sus nuevos servicios y la modernización empresarial vendrán por añadidura: al fin y al cabo, el capital foráneo compra no infraestructura existente, sino acceso a la base de usuarios y usufructo de recursos que «no podrán salir definitivamente del dominio del Estado» (artículo 121 constitucional). No faltará algún tico quisquilloso que cuestione: ¿Y cuál será el interés argentífero en la raíz de tales recomendaciones desatinadas?


A la integración por la Radiodifusion

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Texto provisional. • Tras el descalabro argentino, la ortodoxia fondomonetarista persiste en el despropósito de tantear aquí la desnacionalización de la electricidad y de las telecomunicaciones. (La Nación, 15.II.02). ¡Adió! ¿Qué es eso? La realidad, la experiencia y la historia fundamentan la conciencia ciudadana que ataja tanta nesciencia. La generación eléctrica es a la sociedad lo que el corazón al individuo. La red de distribución eléctrica es al país lo que los vasos sanguíneos al organismo. Las telecomunicaciones son al cuerpo social lo que el sistema nervioso a la persona. ¿Quién se atrevería a consentir el control exógeno de sus funciones vitales? Ninguna nación en desarrollo alcanzó una cobertura del servicio de electricidad a 97% de los hogares concediéndose a capitales foráneos. Ningún país en desarrollo logró una teledensidad del 25% entregándose a operadores extranjeros. El capital foráneo con facilidad maximiza ganancias, difícilmente garantiza objetivos de desarrollo socioeconómico. Los videntes patriotas de la Liga Cívica tenían razón. Cuando la American Foreign Power Company vendía energía en el centro del país, una proporción baja de hogares se alumbraba con un diez de achiote y a cada rato había que cambiar la cucaracha. En telecomunicaciones, San José —todavía en 1963— compartía con Port-au-Prince el último lugar entre las capitales peor comunicadas de Latinoamérica. El concepto de la jota tuvo origen telefónico... Hasta hace poco, en electricidad y en telecomunicaciones éramos una banana republic. La estulticia fondomonetarista bastaría para desfondar la democracia, si la sabiduría ciudadana no impidiera la ejecución de las tropelías propuestas. Y si algún grupo o linaje no quiso comprender el vigor de la protesta cívica ante el Combo del ICE, no en vano se canta: «Cuando alguno pretenda tu gloria manchar, veraz a tu pueblo valiente y viril, la tosca herramienta en arma trocar». Así de serio es el asunto.
Ahora bien, las cosas no pueden continuar estancadas. Al ICE debe dársele la autonomía que requiere para operar con eficiencia. Es hora de transformarlo de institución autónoma en empresa estatal, con un régimen jurídico flexible. El financiamiento de sus nuevos servicios y la modernización empresarial vendrán por añadidura: al fin y al cabo, el capital foráneo compra no infraestructura existente, sino acceso a la base de usuarios y usufructo de recursos que «no podrán salir definitivamente del dominio del Estado» (artículo 121 constitucional). No faltará algún tico quisquilloso que cuestione: ¿Y cuál será el interés argentífero en la raíz de tales recomendaciones desatinadas?



La Crisis de la Democracia en Costa Rica

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Texto provisional. • Tras el descalabro argentino, la ortodoxia fondomonetarista persiste en el despropósito de tantear aquí la desnacionalización de la electricidad y de las telecomunicaciones. (La Nación, 15.II.02). ¡Adió! ¿Qué es eso? La realidad, la experiencia y la historia fundamentan la conciencia ciudadana que ataja tanta nesciencia. La generación eléctrica es a la sociedad lo que el corazón al individuo. La red de distribución eléctrica es al país lo que los vasos sanguíneos al organismo. Las telecomunicaciones son al cuerpo social lo que el sistema nervioso a la persona. ¿Quién se atrevería a consentir el control exógeno de sus funciones vitales? Ninguna nación en desarrollo alcanzó una cobertura del servicio de electricidad a 97% de los hogares concediéndose a capitales foráneos. Ningún país en desarrollo logró una teledensidad del 25% entregándose a operadores extranjeros. El capital foráneo con facilidad maximiza ganancias, difícilmente garantiza objetivos de desarrollo socioeconómico. Los videntes patriotas de la Liga Cívica tenían razón. Cuando la American Foreign Power Company vendía energía en el centro del país, una proporción baja de hogares se alumbraba con un diez de achiote y a cada rato había que cambiar la cucaracha. En telecomunicaciones, San José —todavía en 1963— compartía con Port-au-Prince el último lugar entre las capitales peor comunicadas de Latinoamérica. El concepto de la jota tuvo origen telefónico... Hasta hace poco, en electricidad y en telecomunicaciones éramos una banana republic. La estulticia fondomonetarista bastaría para desfondar la democracia, si la sabiduría ciudadana no impidiera la ejecución de las tropelías propuestas. Y si algún grupo o linaje no quiso comprender el vigor de la protesta cívica ante el Combo del ICE, no en vano se canta: «Cuando alguno pretenda tu gloria manchar, veraz a tu pueblo valiente y viril, la tosca herramienta en arma trocar». Así de serio es el asunto.
Ahora bien, las cosas no pueden continuar estancadas. Al ICE debe dársele la autonomía que requiere para operar con eficiencia. Es hora de transformarlo de institución autónoma en empresa estatal, con un régimen jurídico flexible. El financiamiento de sus nuevos servicios y la modernización empresarial vendrán por añadidura: al fin y al cabo, el capital foráneo compra no infraestructura existente, sino acceso a la base de usuarios y usufructo de recursos que «no podrán salir definitivamente del dominio del Estado» (artículo 121 constitucional). No faltará algún tico quisquilloso que cuestione: ¿Y cuál será el interés argentífero en la raíz de tales recomendaciones desatinadas?



Los problemas socio políticos del desarrollo en Costa Rica

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Texto provisional. • Tras el descalabro argentino, la ortodoxia fondomonetarista persiste en el despropósito de tantear aquí la desnacionalización de la electricidad y de las telecomunicaciones. (La Nación, 15.II.02). ¡Adió! ¿Qué es eso? La realidad, la experiencia y la historia fundamentan la conciencia ciudadana que ataja tanta nesciencia. La generación eléctrica es a la sociedad lo que el corazón al individuo. La red de distribución eléctrica es al país lo que los vasos sanguíneos al organismo. Las telecomunicaciones son al cuerpo social lo que el sistema nervioso a la persona. ¿Quién se atrevería a consentir el control exógeno de sus funciones vitales? Ninguna nación en desarrollo alcanzó una cobertura del servicio de electricidad a 97% de los hogares concediéndose a capitales foráneos. Ningún país en desarrollo logró una teledensidad del 25% entregándose a operadores extranjeros. El capital foráneo con facilidad maximiza ganancias, difícilmente garantiza objetivos de desarrollo socioeconómico. Los videntes patriotas de la Liga Cívica tenían razón. Cuando la American Foreign Power Company vendía energía en el centro del país, una proporción baja de hogares se alumbraba con un diez de achiote y a cada rato había que cambiar la cucaracha. En telecomunicaciones, San José —todavía en 1963— compartía con Port-au-Prince el último lugar entre las capitales peor comunicadas de Latinoamérica. El concepto de la jota tuvo origen telefónico... Hasta hace poco, en electricidad y en telecomunicaciones éramos una banana republic. La estulticia fondomonetarista bastaría para desfondar la democracia, si la sabiduría ciudadana no impidiera la ejecución de las tropelías propuestas. Y si algún grupo o linaje no quiso comprender el vigor de la protesta cívica ante el Combo del ICE, no en vano se canta: «Cuando alguno pretenda tu gloria manchar, veraz a tu pueblo valiente y viril, la tosca herramienta en arma trocar». Así de serio es el asunto.
Ahora bien, las cosas no pueden continuar estancadas. Al ICE debe dársele la autonomía que requiere para operar con eficiencia. Es hora de transformarlo de institución autónoma en empresa estatal, con un régimen jurídico flexible. El financiamiento de sus nuevos servicios y la modernización empresarial vendrán por añadidura: al fin y al cabo, el capital foráneo compra no infraestructura existente, sino acceso a la base de usuarios y usufructo de recursos que «no podrán salir definitivamente del dominio del Estado» (artículo 121 constitucional). No faltará algún tico quisquilloso que cuestione: ¿Y cuál será el interés argentífero en la raíz de tales recomendaciones desatinadas?

Alcanzado el Espacio
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Texto provisional. • Tras el descalabro argentino, la ortodoxia fondomonetarista persiste en el despropósito de tantear aquí la desnacionalización de la electricidad y de las telecomunicaciones. (La Nación, 15.II.02). ¡Adió! ¿Qué es eso? La realidad, la experiencia y la historia fundamentan la conciencia ciudadana que ataja tanta nesciencia. La generación eléctrica es a la sociedad lo que el corazón al individuo. La red de distribución eléctrica es al país lo que los vasos sanguíneos al organismo. Las telecomunicaciones son al cuerpo social lo que el sistema nervioso a la persona. ¿Quién se atrevería a consentir el control exógeno de sus funciones vitales? Ninguna nación en desarrollo alcanzó una cobertura del servicio de electricidad a 97% de los hogares concediéndose a capitales foráneos. Ningún país en desarrollo logró una teledensidad del 25% entregándose a operadores extranjeros. El capital foráneo con facilidad maximiza ganancias, difícilmente garantiza objetivos de desarrollo socioeconómico. Los videntes patriotas de la Liga Cívica tenían razón. Cuando la American Foreign Power Company vendía energía en el centro del país, una proporción baja de hogares se alumbraba con un diez de achiote y a cada rato había que cambiar la cucaracha. En telecomunicaciones, San José —todavía en 1963— compartía con Port-au-Prince el último lugar entre las capitales peor comunicadas de Latinoamérica. El concepto de la jota tuvo origen telefónico... Hasta hace poco, en electricidad y en telecomunicaciones éramos una banana republic. La estulticia fondomonetarista bastaría para desfondar la democracia, si la sabiduría ciudadana no impidiera la ejecución de las tropelías propuestas. Y si algún grupo o linaje no quiso comprender el vigor de la protesta cívica ante el Combo del ICE, no en vano se canta: «Cuando alguno pretenda tu gloria manchar, veraz a tu pueblo valiente y viril, la tosca herramienta en arma trocar». Así de serio es el asunto.
Ahora bien, las cosas no pueden continuar estancadas. Al ICE debe dársele la autonomía que requiere para operar con eficiencia. Es hora de transformarlo de institución autónoma en empresa estatal, con un régimen jurídico flexible. El financiamiento de sus nuevos servicios y la modernización empresarial vendrán por añadidura: al fin y al cabo, el capital foráneo compra no infraestructura existente, sino acceso a la base de usuarios y usufructo de recursos que «no podrán salir definitivamente del dominio del Estado» (artículo 121 constitucional). No faltará algún tico quisquilloso que cuestione: ¿Y cuál será el interés argentífero en la raíz de tales recomendaciones desatinadas?