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Luchas civiles por el agua de Monteverde
Mayo 22, 2005 12:58 PM


La desobediencia civil ante actos gubernamentales injustos, la resistencia pacífica frente a acciones ilegítimas de las autoridades, el recurso inteligente a las instancias del orden jurídico vigente y el ejercicio de la ciudadanía activa en defensa del bien común, ubican a la comunidad organizada de Monteverde en la vanguardia de la nueva Democracia de los Ciudadanos. El combate actual por el agua es un hito en ese emblemático proceso de dignidad humana: la Ciudadanía Soberana deja de arrodillarse sumisa ante la avasalladora madeja de intereses político-financieros defendidos por ciertos factores del sistema abusador y, segura de la dignidad de la persona, se yergue ecuánime para exigir al funcionario público el cumplimiento de sus responsabilidades. Burócratas de toda clase, delegados presidenciales, diputados, jueces, magistrados, ministros, policías o regidores municipales no son superiores ni patronos sino servidores de la ciudadanía, individualmente responsables en el cumplimiento de sus deberes.

En setiembre y octubre de 2004, ocho empresarios coaligados en una sociedad de usuarios de agua (SUA) sacaron sendas concesiones de aprovechamiento de las quebradas Máquina y Cuecha. Son explotaciones superiores a los 17 litros por segundo que el acueducto Santa Elena-Cerro Plano proporciona a las comunidades de Cañitas, Cerro Plano, Los Llanos, Monteverde y Santa Elena con unos 7.000 habitantes y 200.000 visitantes por año. La sola concesión de unos 12,6 litros por segundo de la quebrada Cuecha permitiría a cada uno de «los ocho de la SUA» consumir en un día la misma cantidad de agua usada por una familia promedio de la zona en año y siete meses. Los vecinos concernidos tomaron conciencia de la desmedida indulgencia dos meses después, en un cabildo abierto que promovió la Iglesia. A partir de entonces arrancó la batalla pacífica por las vías de la juridicidad.

Monteverde es un portento de civilidad. La filosofía cuáquera de la no violencia ha permeado a los costarricenses que viven en armonía con la naturaleza, inmersos en la diversidad cultural. Se mantiene un frágil equilibrio entre el ecoturismo productivo y las reservas biológicas y boscosas de la zona. Prospera la agroindustria a mediana escala. Hay una comunidad científica y profesional de categoría mundial. La participación ciudadana hace real la convivencia democrática.

Mientras las instancias institucionales ponían oídos sordos al clamor ciudadano, los habitantes se vieron forzados a recurrir a las vías de hecho. A fines de diciembre, algunos vecinos atravesaron microbuses en el camino para dificultar el zanjeo y colocación de tubería de la SUA. El 20 de enero, niños, mujeres y hombres interpusieron sus cuerpos para detener el zanjeo en las calles de la población: los operarios de la SUA apartaban a las personas con la pala mecánica de la retroexcavadora. Pero en el instante que aparecieron los vídeoreporteros de un noticiario de TV, los intrépidos zanjeadores se evaporaron. Luego, abogados de la SUA denunciaron penalmente a 17 monteverdenses por… motín (¡prisión de uno a cuatro años!) Y eso que aquí no se conoce todavía el manual Civil Disturbance Operations (Operaciones en movilizaciones civiles) adoptado por el ejército usamericano en abril 2005 (www.fas.org/irp/doddir/army/fm3-19-15.pdf). La arrogancia y la prepotencia aupadas por la madeja político-financiera (cuyos hilos plateados podrían conectarse con determinados centros de poder capitalinos e incluso una precandidatura presidencial), desataron la energía social de la ciudadanía maltratada.

La caldera cívica subía de presión por lo que el ministro del Medio Ambiente realizó una inspección personal y la cosa comenzó a cambiar. Se comprobó que ambas quebradas están en el área de amortiguamiento de la zona protectora Arenal-Monteverde, dentro del corredor biológico Monteverde-Golfo de Nicoya; hasta 38 especies pueden afectarse por la explotación excesiva del recurso hídrico: en ese hábitat se refugian 15 anfibios, 12 mamíferos, tres orquídeas y un ave amenazados con la extinción, seis especies de aves de poblaciones reducidas y una especie de árbol endémica a las riveras de la quebrada Máquina. Diantre: tras la disputa por el agua, ¡riesgo de ecocidio! Y la cuestión puede trascender a The New York Times, la revista National Geographic o la BBC de Londres, añadiéndose a la nominación de don Abel como «enemigo de los tiburones» por al aleteo del escuálido en mares nacionales.

La concesión de 2004 fue suspendida el 18 de abril pasado. Los osados zanjeadores fueron denunciados por irrespetar esa orden ministerial. Entre tanto, se detectaron numerosos errores y omisiones en los permisos de zanjeo a lo largo de casi seis kilómetros de rutas nacionales y caminos vecinales. A más del ilegal desdén a la ciudadanía no consultada sobre la concesión, esta carecía de un adecuado análisis de impacto ambiental en un entorno de tanta fragilidad. El Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) acaba de denunciar las concesiones ante el Tribunal Ambiental: solicitó demoler las construcciones realizadas en las zonas de protección y dejar los sitios en su estado natural; aplicar la Ley Forestal por invasión a las zonas de protección; investigar a quienes en la Secretaría Técnica Ambiental (SETENA) dieron la viabilidad ambiental sin el visto bueno del SINAC; investigar a quienes en el Servicio Nacional de Aguas Subterráneas y Avenamiento (SENARA) dieron información incorrecta a SETENA para la concesión. En fin, se olfatea fetidez pútrida en la matráfula turbia más que trámite transparente.

Los disidentes civiles de Monteverde no son sindicalistas de cuello blanco, universitarios revoltosos, comunistas reciclados, anti yanquis de pacotilla o resentidos sociales sin oficio ni beneficio. Son seis estadounidenses; cinco empresarios: tres hoteleros y dos restauranteros; cuatro líderes de la comunidad, incluidos los presidentes de los acueductos Santa Elena-Cerro Plano y Monteverde, más el presidente de la Asociación de Desarrollo Santa Elena; una regidora municipal, un finquero, un ecólogo, una bióloga, dos conservacionistas, una artista y una maestra, con edad promedio de 41 años.

Allá está arraigada la cultura de paz del usamericano Henry Thoreau y del indio Mahatma Gandhi, quien predicó: «La desobediencia civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano… El día en que el equipo que está en el poder haga daño a la nación, cada uno de los ciudadanos tiene la obligación de retirarle su apoyo». No más vasallos de la insolencia autoritaria, los monteverdenses son ciudadanos que caminan con la frente en alto.

(para La República, 23 mayo 2005)