La nación sana, de ciudadanos decentes, se organiza en fuerzas renovadoras consagradas a rescatar valores e ideales de la costarriqueñidad, a expulsar a los mercaderes espernibles del capitolio de la república, a enrumbar la sociedad por la ruta del desarrollo con equidad, al reencuentro de la patria con su destino aseado de justicia y libertad. Unión para el Cambio (UpC), el primero de los partidos democráticos surgidos de la hecatombe de corrupción que conmovió al país a fines del año pasado, tuvo su acto fundacional el 14 de mayo en el teatro Magaly. Fue una epifanía de la esperanza en la mejor tradición cívica de la convención del partido Republicano (don Ricardo Jiménez Oreamuno) en el teatro Variedades el 24 enero de 1909 o la institución del partido Social Demócrata (don José Figueres Ferrer) en el teatro Latino el 11 de marzo de 1945.
Los miasmas pútridos que, cual efluvios malignos, expelen las aguas estancadas de la antigua política patrimonial, se coagularon en hechos espeluznantes: los ex mandatarios de los últimos 20 años lucen parejamente sospechosos para la mayoría. La pureza del sufragio fue mancillada: denuncias sobre más de 300 irregularidades en unas elecciones distritales fueron desdeñadas por una cúpula dedocrática, esfumándose las garantías para la libre concurrencia. El armatoste bicípite del PLUSC pareciera que toca fondo en su declinación iniciada desde 1995 con su errada embestida a la pedagocracia. Ya en diciembre del pasado año funesto, casi 60% de los electores dudaban de participar en las próximas votaciones y la mitad querían que un partido totalmente nuevo gobierne de 2006 a 2010 (17% se inclinaban por un «emergente», PAC o ML). Según los estudios de opinión pública realizados por Unimer, 55% de los electores hoy creen necesaria la formación de nuevas agrupaciones y estarían dispuestos a votar por ellas.
Adelantándose a las comprobaciones estadísticas de Unimer sobre el masivo alejamiento del electorado de ambas bandas del PLUSC, don Antonio Álvarez Desanti congregó a un centenar de personas en el auditorio del Colegio de Agrónomos el 28 de octubre de 2004. Ahí decidieron constituir un movimiento cívico de generosa apertura democrática que pueda llenar el vacío dejado por la decadencia de los escleróticos partidos concebidos por los caudillos de seis décadas atrás. El 13 de noviembre realizaron la primera asamblea distrital en El Carmen de Goicoechea (Mata de Plátano) y en seis meses persuadieron a casi 2.500 electores a participar en 469 distritales, 81 cantonales, siete provinciales y la nacional constituyente.
Exitoso empresario agrícola moderno, la vocación de servicio público del abogado Álvarez Desanti le ha permitido acumular una amplia experiencia. A los 47 años de edad asume el reto de pelear por la Presidencia de la República en circunstancias cruciales para el desarrollo pacífico del sistema político: si en los comicios de 2002 sucumbió el bipartidismo en el Poder Legislativo, el cambio estructural profundo de las fuerzas sociales apunta a su desplazamiento en el Poder Ejecutivo.
UpC se define como un partido permanente, revenar de la Socialdemocracia Costarricense, conductor del cambio seguro hacia una nación integrada, solidaria y moderna, en la cual las metas de cada persona se realicen a través del esfuerzo individual y colectivo, facilitado y promovido por el Estado. La meta de esa sociedad más humana es una mejor calidad de vida para todos, basada en un crecimiento sustentable de la producción y de la riqueza nacional, una distribución equitativa de los beneficios en un contexto social responsable e incluyente. El ideario de UpC está especialmente enmarcado en los artículos 50 y 74 de la Constitución Política, núcleo duro del Estado de Derecho, Social y Democrático construido a lo largo de muchas generaciones.
Hace 96 años escribió el maestro Antonio Zambrana en su crónica de la asamblea del teatro Variedades: «Fue un acto con el que puede decirse que se inicia una nueva vida, una era de luz, de dignidad y de ventura… Este pueblo no es inferior a otro alguno de la tierra —ni al norteamericano ni al inglés— en aptitudes para el gobierno propio y el ejercicio de todas las artes de la vida que entrañan la competencia de la democracia».
Hace 60 años dijo don Pepe en la convención del teatro Latino: «Costa Rica quiere nacer de nuevo, con la fisonomía que le fijen las nuevas aspiraciones de la época. La haremos nacer nosotros… De este pueblo costarricense, que tiene sus raíces profundamente enclavadas en un pasado glorioso, nace hoy un retoño prometedor, que habrá de producir, para bien de la patria y en un futuro próximo, nuevo tronco, nueva flor y nuevos frutos».
El sábado 21 será la fundación del segundo partido nuevo: Unión Patriótica, impulsado por el diputado don José Humberto Arce Salas. Y ojalá cuajen otros partidos nacionales en proceso de inscripción como Alianza Democrática Nacionalista, Concordia Nacional, Gente Nueva, Patria Nueva, Patria Primero y Unión Nacional. Estos advenimientos son propicios para que la democracia crezca fecunda. Se percibe el aire de los tiempos, las razones y la sustancia de una nueva vitalidad, vastos impulsos hacia el cambio epocal. Es la modernidad que se abre espacio y vence los últimos bastiones de resistencia; la naturaleza avanza imparable en la lucha del mañana sobre el ayer. Es la vida misma.
Como dice la campaña «Volvamos a construir esperanzas» de Teletica: «Tenemos tanto futuro en qué pensar, que lo mejor es dejar atrás el pasado».
para La República, 16 mayo 2005