«Cualquier cosa que empieza mal, acaba peor», dice un refrán que se aplica a la cadena de errores surgida de sendas tachas sobre el ejercicio de la libertad de cátedra y la libertad de expresión en la Universidad de Costa Rica (UCR).
La presidenta del Movimiento de la Juventud y la presidenta del Movimiento de las Mujeres del PLN se quejaron, en cartas paralelas, de supuesto «sesgo» informativo en medios de comunicación, y de alegado fomento de «la subversión y el caos» o presunta colaboración en la creación de «inestabilidad política» y «sedición» en foros y mesas redondas. El lenguaje cargado desató fuertes reacciones dentro y fuera del campus.
«Si algún partido político interfiriera o censurara a la UCR, se marchitarían los girasoles de su emblema y habría que cambiar el lema de lucem aspicio porque en vez de buscar la luz será necesario luchar contra el oscurantismo», expresó don Antonio Álvarez Desanti, líder de Unión para el Cambio (UpC) y advirtió: «Tiempos amargos habrá para las libertades fundamentales, de imponerse aquellos que aspiran a volver para someter a la república a una política patrimonialista y retrógrada».
El diputado don Luis Gerardo Villanueva del PLN opinó que las cartas «no solo atentan contra la libertad de los medios de la UCR, sino también contra la autonomía universitaria… al tratar de que solo piensen de una manera». Su colega don José Miguel Corrales de Unión Patriótica (UP) rechazó «reclamos y acusaciones que, escudados en una falsa concepción de objetividad, pretenden negar a los demás el derecho a la expresión de sus opiniones». La Jefa de Fracción del PAC, doña Martha Zamora, denunció «censura solapada… Se molestan con la prensa independiente porque les destapan las cochinaditas de toda la vida». La diputada doña Gloria Valerín, todavía del PUSC, se sorprendió por la acción contra «uno de los pocos medios donde Oscar Arias no es dueño».
La diferencia en torno al estrujamiento de libertades fundamentales explica, pero no justifica, la acción estudiantil de repudio al aspirante presidencial verdiblanco frente al Sistema Universitario de Televisión. «Aquello fue un infierno para el expresidente, quien en medio de consignas, gritos y cantos finalmente debió abordar su carro y marcharse sin entrevista y bien regañado por los jóvenes», reportó La Nación. «Empezaron a usar sus celulares y de un momento a otro aquello se llenó de estudiantes», informó La República y anotó: «No hubo agresiones físicas».
El presidente de la FEUCR invitó al rechazado candidato neoliberal a debatir ante los universitarios, a fin de superar «una acción espontánea que refleja el descontento de un sector estudiantil». La vicerrectora de Acción Social apuntó que «no se puede dejar de lado el momento de coyuntura política del país, la desilusión del costarricense y la energía del joven de exponer sus pensamientos».
La temperatura del cuerpo social de la nación sube, conforme ascienden la prepotencia y la intolerancia. Hay una acumulación creciente de malestar republicano originado —según diagnóstico del ex Presidente Monge— por el bazucazo judicial, el abandono de la guerra contra la pobreza, el destripamiento de la clase media y el acorralamiento de los sectores populares, además de la asfixiante corrupción en los sectores público y privado.
Deplorables resultan los cargos contra la UCR. Torpe fue obstaculizar el ingreso de un candidato a la televisión universitaria. Atizan la hoguera del malestar de la juventud (y sus familias) las nuevas denuncias de prensa sobre tráfico de influencias a muy alto nivel político y elevados «premios» facturados como honorarios de éxito (huele mal… la basura).
Para La República, 25 julio 2005