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San José y Washington
Julio 1, 2005 01:12 PM


Este 4 de julio, fiesta nacional de Estados Unidos de América, cabe señalar que en tiempos recientes las relaciones entre las democracias del maestro Juan Mora Fernández y del general George Washington resultan insatisfactorias, pues las agendas de uno y otro país difieren y tienden a bifurcarse.

Los nexos oficiales comenzaron hace 154 años cuando don Felipe Molina fue acreditado como Ministro Plenipotenciario allá. A los cinco años se produjo la confrontación armada con el filibusterismo esclavista de William Walker, envalentonado por el apoyo de ciertos factores usamericanos de poder. Después de la gesta heroica de Santa Rosa, Rivas y San Juan, el ex Presidente de la República de Texas (ya incorporada a la Unión Americana), Mirabeau B. Lamar fue reconocido como Ministro Residente acá (1858).

Hay asimetrías gigantescas que separan a los dos países, pero ambas naciones comparten valores como libertad, justicia, democracia y derechos humanos. No siempre coinciden en los métodos para la realización de objetivos como buen gobierno, seguridad y defensa, desarrollo económico o libre comercio. El balance entre la fuerza y el derecho tampoco aproxima sus perspectivas sobre la solución de conflictos y disputas.

Estados Unidos disminuyó al mínimo su ayuda al desarrollo socioeconómico de este país, en parte por los éxitos alcanzados gracias al Estado Social de Derecho (si se quiere, rooseveltiano).

Costa Rica no siempre ha estado a la altura de sus compromisos.

Solicitó ser sede de la Academia Internacional para la Aplicación de la Ley (ILEA), pero la Asamblea Legislativa decidió darle largas a la ratificación del convenio. El proyecto fue trasladado a El Salvador.

Fue apuntada en la Coalición Voluntaria en respaldo a la acción armada en Irak, pero la Sala Constitucional ordenó al Poder Ejecutivo respetar la carta magna, acatar la proclama de neutralidad y retirar al país de esa alianza militar.

Pidió y recibió el voto para la Secretaría General de la OEA, con las consecuencias conocidas.

Negoció el TLC pero luego le entraron suspicacias a la Administración Pacheco que condiciona su tramitación legislativa y designa una comisión de notables en procura de consejo.

Es elocuente que Estados Unidos tardó un año para nominar embajador en San José.

Ningún miembro del gabinete del actual presidente Bush ha visitado Costa Rica. La Secretaria de Estado estuvo en El Salvador y el Secretario de Defensa fue a Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Antes venían los presidentes (Clinton, Reagan, Kennedy, Roosevelt, Hoover) o los vicepresidentes (Wallace, Bush).

Aunque no siempre fáciles y a menudo enojosas, las relaciones políticas con Estados Unidos son fundamentales. Es necesario que el Gobierno actual y el siguiente, mejoren la vinculación con Washington, quienquiera ocupe la Casa Blanca.

El estricto respeto a la dignidad nacional debe caracterizar los vínculos entre estas repúblicas. De manera muy marcada en la hora presente ha de existir fiel observancia del proceso democrático autónomo, la estructura de la sociedad y la organización del Estado acordes con la Constitución Política.

Está claro que Costa Rica debe excusarse de acciones ístmicas conjuntas —quizá animadas por Estados Unidos— sobre migración, combate policial a la violencia del narcotráfico o el crimen organizado, seguridad y defensa (Fuerza de Respuesta Rápida) en tanto estén reñidas con la normatividad constitucional y jurídica vigente.

Ojalá que, con base en valores comunes, San José y Washington pudieran darse la mano como socios en la misión de contener la centroamericanización de Costa Rica y promover el costaenriquecimiento de Centroamérica: «construir escuelas, no cuarteles, para que florezcan repúblicas».

para La República, 4 julio 2005