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«We all are Londoners»
Julio 8, 2005 06:16 PM


En el dolor y la ira, hoy todos somos londinenses. Ayer la solidaridad fue con los familiares de las víctimas en Nueva York y en Madrid. Personas inermes son afectadas o mueren a diario en guerras y conflictos. Violencia de los estados y de grupos no estatales, violencia económica y social que a duras penas permite sobrevivir a millones de seres humanos.

La lógica demoníaca del terrorismo no conduce al porvenir. Los actos barbáricos contra la humanidad quebrantan, no construyen; siempre y en todo lugar son inmorales e indefendibles. El terror siembra el desamparo en la sociedad y la condena al miedo mientras espera un próximo ataque.

Este primer embate en los 142 años de su tren subterráneo no aplastará el espíritu bulldog de los londinenses: superaron los bombardeos en la 2ª Guerra Mundial que devastaron barrios enteros, así como las bombas del ERI en tiendas, parques y pubs. El anterior jefe de la policía metropolitana predijo que después de Madrid sería «inevitable» un ataque en la urbe del Támesis.

Todavía no se desvela la responsabilidad por los atentados, si bien se apunta a Al-Qaeda. Esto podría explicar los ataques, pero jamás justificarlos. Sir Max Hastings, periodista e historiador militar inglés, opinó: «Siempre se supo que el precio de ser aliado principal de Estados Unidos sería saldado con sangre inocente. Gústenos o no, debemos reconocer que el apoyo de Blair a las extravagancias de Bush en su mal nombrada guerra contra el terror y su mal justificada invasión a Iraq, nos ubica en la línea de fuego al lado de Estados Unidos».

Mis sobrinos londinenses Priscila Vargas y su esposo Louie Botte, cruzaron de norte a sur por estaciones del subterráneo que minutos después fueron blanco de las bombas. Escribió ella en un e-mail mañanero: «Hay varias personas en la escuela con familiares heridos y el ambiente es muy triste». Regresó del trabajo en autobús: «Casi nadie hablaba nada. Se quedaban viendo a los demás, si llevaban paquetes o maletines. Y como hay gente de todo lado, me decía, ‹hum, este podría ser terrorista›; luego pensé, qué tonta si los terroristas no tienen un look específico. El viaje tardó hora y media. Pensé que muchos de los que murieron seguro se despidieron de sus seres queridos como todos los días con un see you later, sin tener ni idea de lo que pasaría. Me parece incomprensible que alguien pueda hacer algo tan horrible a gente inocente».

Son contados los costarricenses residentes en Londres y por dicha ninguno se cuenta entre las víctimas de esta «tentativa por intimidar a las democracias», como la llamó Le Temps (Ginebra). La Vanguardia (Barcelona) advirtió: «Si la pobreza fuese una de las causas directas de los kamikazes del terrorismo global, serán legión». Al condenar la mortal agresión, oportuno es recordar que las democracias pueden vencer al terrorismo sin dejar de ser ellas mismas: no sobredimensionar la amenaza ni exagerar la capacidad de los terroristas, mantener la fortaleza moral, no politizar los servicios de inteligencia ni permitirles que se apropien de la dirección de la política. (Isabel Hilton, “Five principles for a safer future”, Open Democracy, 2.8.05).

¡Qué felicidad es hallarse en este remanso de paz! Pluguiera a la Providencia que el de Londres fuese el último ataque atroz, aunque la insensatez del genero humano es infinita.

Tres libros de singular mérito acaban de aparecer y sus primeras ediciones se agotarán pronto: José Calvo Fajardo, Vamos recogiendo: ensayos (edición del autor); Rodolfo Cerdas Cruz, Las instituciones de integración en Centroamérica: de la retórica a la descomposición (Euned); Gonzalo Fajardo Salas, Principios constitucionales de la tributación (Juricentro), presentación lunes 18 en el Colegio de Abogados. ¡Distintos y enjundiosos!

para La República, 11 julio 2005