Ciento veintiún años después de que la ciudad capital tuvo luz eléctrica, se encendió el 1º de agosto de 2005 la primera bombilla en el poblado de Boca de San Carlos, bastión de la soberanía de Costa Rica sobre la guardarraya misma con Nicaragua, desembocadura del río San Carlos en el San Juan.
«Ahora sí vamos a aprender nuevas tecnologías que mejoren nuestra vida», exclamó esperanzada en las promesas de la Internet una estudiante de los 26 alumnos de telesecundaria y 56 de primaria en la comunidad de 450 habitantes, 90 kilómetros al noroeste de la Ciudad de Villa Quesada. La juventud quiere una cancha multiuso alumbrada y los finqueros desean abrir pequeñas industrias y desarrollar el ecoturismo a escala familiar.
Por esfuerzo propio, los vecinos iniciaron hace 15 años la campaña pro electrificación y su Asociación de Desarrollo Integral aportó ¢3 millones al financiamiento del tendido de una línea monofásica sobre 150 postes desde un hotel en Boca Tapada a 16 kilómetros de distancia. El servicio beneficia a otras comunidades como El Recreo y La Flor, distrito de Cutris.
La obra es realización de la ejemplar Cooperativa de Electrificación Rural de San Carlos (Coopelesca), que puso ¢29 millones, el gobierno de Estados Unidos ¢18 millones (PL 480) y ¢10 millones el ICE.
Coopelesca es motor de desarrollo desde hace 40 años en un área de casi 5.000 kilómetros cuadrados, donde sirve a más de 200.000 habitantes (índice de electrificación de 90% y en ascenso). Tiene generación propia en las tres centrales hidroeléctricas Chocosuela de La Vieja de San Carlos; el 45% de la planta San Lorenzo; y distribuye al ICE. Coopelesca incursionó en las telecomunicaciones con la televisora regional de servicio público TV Norte, canales 14 y 16; considera la posibilidad de ofrecer Internet en banda ancha (voz, datos y vídeo) a sus 60.000 abonados, a través una red de fibra óptica instalada junto al hilo de guarda de la postería eléctrica.
La electrificación de Boca de San Carlos es un portento y es un dechado. Admirable por ser la primera población sobre la margen costarricense del San Juan dotada de servicio eléctrico: en San José políticos y gobernantes taimados hablan de soberanía pero son incapaces de imaginar siquiera una Política de Fronteras. Ejemplar porque la comunidad se organizó y luchó por tres lustros hasta alcanzar su objetivo de civilización, sin confiar en los insolentes jerarcas neoliberales del Estado sino en la solidaridad efectiva del cooperativismo. No fue un paniaguado del gobierno dicharachero el que inauguró la iluminación en Boca de San Carlos, fue el ejecutivo de una Cooperativa.
Quien esto escribe conoció Boca de San Carlos en unas vacaciones escolares, hace la bicoca de media teja —en el caserío de Laurel Galán un jamaiquino tenía sala-biblioteca y candelabro de cristal… a la espera de la luz eléctrica—. Volvió hace 39 años, en una expedición tras las huellas del almirante y héroe británico Horacio Nelson, derrotado en 1780 cuando los ingleses intentaban posesionarse del río San Juan.
El conmovedor fiat lux, «hágase la luz» en aquel entrañable rincón de la patria, irradia una lección que encarna el lema «ciudadanos activos, democracia viva»: las personas y los pueblos se desarrollan por esfuerzo propio, no por ayuda externa.
para La República, 15 agosto 2005