El 16 de agosto expiró la Comisión Especial Mixta sobre Telecomunicaciones y Energía, surgida a resultas de la movilización de la tarjeta amarilla en enero de 2003. Dos años de sesiones de un «pequeño parlamento» —11 diputados, 8 representantes de la Sociedad Civil y 15 asesores legislativos— evidenciaron la falta de consenso en torno a la modernización del operador estatal.
Cada bando tiraba para su lado: privatistas, estatistas, monopolistas particulares o públicos, corporativistas, anti o pro telecistas, aderezados con rencillas personales o electorales. Era una pequeña Babel, desbrujulada. ¿Y el interés nacional, quien lo define, promueve y defiende?
El desconcierto gubernamental fertilizó el berenjenal. Acordada dentro del oficialismo la fórmula (insuficiente) de financiamiento, el neoliberalismo obtuso pretende que el ICE pague impuesto sobre la renta como si se fuese empresa particular, a más de requerir la devolución —sin estudio objetivo ni plan técnico— de aquellas frecuencias otorgadas al ICE que aún estén sin uso. Recuérdense los ¢225 millones donados al gobierno para elaborar una estrategia privatista de telecomunicaciones.
Según el capítulo 13 del acuerdo comercial con Estados Unidos, la ley de modernización del ICE y la ley marco de telecomunicaciones son conditio sine qua non: sin esas leyes, no hay de piña. La cosa está más fosca porque según reconoció en la fenecida Comisión Mixta el ahora candidato presidencial del PUSC, el texto de telecomunicaciones contenido en ese acuerdo comercial «a la hora de la hora se cambió totalmente, como algunas posiciones de seguros… Duele decirlo, pero es la realidad». (Acta de la sesión ordinaria nº 58, 13 de diciembre de 2004, páginas 25-26). ¿Qué solicitó Estados Unidos, qué aprobó la Presidencia de la República y qué se entregó en la negociación?
Como el régimen del PUSC y del PNL colindan por dentro, la madeja del proyecto Costa Rica S.A. es una sola, aunque los herederos del rodriguismo parecieran más interesados en telecomunicaciones y los adláteres de los hermanísimos inclinados por lo eléctrico. La más reciente encuesta de CID indica que 78% de los ciudadanos se oponen a la posibilidad de traspasar el ICE a manos privadas: la mayoría considera que impactaría negativamente al país.
Persisten el inmovilismo y la confusión, que añaden presión a la caldera social.
¡Clarín Patriótico! El periódico trae juntas estas noticias: (a) «Exportaciones crecerán a $6.800 millones en el 2005», (b) «Pobreza alcanzará al 25% de hogares costarricenses». La nación desciende de mal a peor: cambia la estrategia económica o se hunde la democracia en la violencia. Bien dice doña María Eugenia Dengo en una carta pública: «Hacemos un llamado para que el Magisterio Nacional retome su papel protagónico en la defensa de la patria. La eficiencia, la competitividad, el acceso a mercados, la libertad de consumo son los lemas que recitan los soldados de un ejército invisible, pero eficaz, que viene invadiéndonos desde hace veinticinco años. El neoliberalismo es la ideología del totalitarismo del libre mercado. Y los economistas neoliberales hacen las veces de estrategas militares para avanzar, como lo hacen en otros lugares los ejércitos de ocupación, arrasando el Estado de bienestar social y sus instituciones para implantar en su lugar la ley de la selva, la ley del más fuerte».
para La República, 22 agosto 2005