Respetado lector:
Hace 205 semanas procuro reflexionar con usted y para usted sobre temas de interés general, desde la sección editorial del diario La República. Por razones de «reestructuración», cesan aquí mis artículos de los lunes.
Es probable, lo intuyo mas no me consta, que los fuegos electorales constriñan el ámbito de libertad para quienes ejercemos la crítica, precisamente cuando el proceso democrático requiere más pluralidad de análisis y de opiniones. Octavio Paz escribió que la prueba de la libertad es el derecho del ciudadano a decir «no» al poder –actual o eventual, agrego yo–. Quizá las sombras de las colinas de Úbeda –y los que se mueven en sus tenebrosidades– maculan ahora la libertad de expresión, estorbosa para algunos y sacrosanta para muchos. Quiera Dios que sea eclipse pasajero y no cerrada noche.
Fui periodista en mi juventud. Por veinte años dejé de escribir. Regresé al país tras una década en Europa y Norteamérica, y fui invitado a colaborar en estas páginas. Acepté con la esperanza de cultivar la ciudadanía activa en el anhelo de contribuir a vivificar la democracia. Creí posible el avance hacia etapas superiores de libertad y de justicia. La duda surge, sin embargo, ante los embates contra la libertad y en pro del servilismo. ¿Reclama silencio esta hora azarosa?
Al retirarme, expreso sincero agradecimiento a cada respetable lector de los artículos del «primer día». Mis mejores deseos para los colegas columnistas que continúan en el coso, el patriarca don Alberto F. Cañas en primer lugar. Al periódico que me dice en su carta que «La República espera mantener los vínculos de amistad y cooperación», así ha sido, así es y así habrá de ser.
Por ahora, invito a visitar las páginas web «Perspectiva crítica: ideas para la Costa Rica que vendrá» (www.tisingal.com) y «Tribuna Democrática» (www.tribunademocratica.com), dos espacios de expresión en Internet. Después, ya se verá…
Con su permiso, hasta luego y muchas gracias.
(Para La República, 3 octubre 2005)