Artículos más recientes

La “tiranía en democracia” vs. la madre de las libertades
Hasta luego y muchas gracias
Notabilísima clarinada
No, don Oscar, no
¿Castigará Estados Unidos a Costa Rica?
Quintaesencia democrática
Muerte en Cuesta de Moras
Fiat lux
Unidos o hundidos
La verdad sobre el TLC
Libertad estrujada
El déficit democrático
«We all are Londoners»
San José y Washington
Acelera
Tres denuncias
Alianzas o apertura en telecomunicaciones
DSL satelital para el ecoturismo
Breve crónica sobre desafíos democráticos
Luchas civiles por el agua de Monteverde


La “tiranía en democracia” vs. la madre de las libertades
Octubre 7, 2005 04:39 PM


La libertad de pensamiento y de expresión, junto con la libre comunicación de las ideas, son imprescindibles en la democracia. La Constitución Política y la Convención Americana de Derechos Humanos garantizan que no se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, vale decir, constituirían delito contra la libertad aquellos actos o coacciones que impidan la comunicación o la circulación de ideas y opiniones. Cabe preguntarse si en Costa Rica no se contravendría el artículo 28 constitucional, que dice: «Nadie puede ser inquietado ni perseguido por la manifestación de sus opiniones».

En semanas recientes se han producido acontecimientos que llaman a reflexionar. Primero, dos serias llamadas de atención. Luego, una concatenación de hechos preocupantes.

El 2 de agosto, el Magisterio Eclesiástico afirmó, por medio del arzobispo de San José, don Hugo Barrantes, que «la prensa, la radio y la televisión… están llamados a ser, más que un cuarto poder, los pulmones del cuerpo social y la instancia crítica ante los abusos de los otros poderes. No se puede negar la responsabilidad moral de sus dueños, gestores y comunicadores». Pidió a las empresas periodísticas y a sus trabajadores, «que ejerzan un periodismo comprometido con los grandes desafíos que como nación tenemos… para convertirse en agentes de cambio social positivo».

El 16 de setiembre, la Junta de Notables advirtió que el debate en torno al proyecto de acuerdo comercial con Estados Unidos «ha degenerado en una destructiva polarización nacional», una confrontación de ideologías, políticas, actores e intereses. Los Notables dijeron que «a pesar de los esfuerzos de consulta, información y propaganda realizados… y las campañas de sectores favorecedores del Tratado, estos no han logrado generar un acuerdo nacional suficiente para viabilizar el Tratado y en cierto sentido pueden haber contribuido, por el contrario, al desacuerdo». Señalaron que «si no se encuentran espacios de consenso, la discusión polarizada podría agudizarse y no permitir una salida beneficiosa frente a las complejas decisiones que debe tomar el país».

Una serie de recientes coerciones antidemocráticas contra los medios de comunicación parecen tener un mismo origen: la aspiración inocultable de establecer sobre los costarricenses «la tiranía en la democracia» a través de una eventual reelección contraria a la Constitución Política. Es un mismo patrón autoritario flagrante que se repite con alarmante reincidencia. Ahora se intenta negar los conceptos publicados en la página 5 de La Prensa Libre el 3 de setiembre, a saber: «La ingobernabilidad se ha adueñado de la administración Pacheco de la Espriella… Es mejor evitar el caos y la anarquía y promover la tiranía en la democracia». Pero el afán de control del poder mediático o las presiones contra los medios universitarios de comunicación y los columnistas de espíritu crítico, hablan más que las palabras –dichas o desdichas– pues son acciones típicas de la tiranía. Entre otros hechos preocupantes pueden señalarse una media docena.

1. Grupos financieros han tomado el control de numerosas radioemisoras, incluidas dos de las tres principales radios noticiosas y de opinión. La gestión de las empresas radiofónicas siempre estuvo repartida entre diversos propietarios. Pocas amenazas pueden ser tan graves contra la democracia como la concentración en pocas manos del poder financiero, el poder político y el poder mediático. Sin la fecunda diversidad, la democracia se marchita y muere en poco tiempo.

2. Las presidentas de dos movimientos de un mismo partido político se quejaron, en sendas cartas dirigidas a la Universidad de Costa Rica, de supuesto «sesgo» informativo en los medios universitarios de comunicación, y de alegado fomento de «la subversión y el caos» o presunta colaboración en la creación de «inestabilidad política» y «sedición» en foros y mesas redondas.

3. Varios profesionales se quejan porque uno o más medios impresos han acordado suspender la publicación de artículos suyos motivados por ataques sistemáticos contra algunas de las instituciones más queridas por los costarricenses como el INS, el ICE o el Seguro Social. Se arguyen diversas razones pero en el fondo se restringe la manifestación de opiniones divergentes del hiperbólico dogma imperante.

4. Las páginas editoriales de un periódico le fueron cerradas a un catedrático universitario de economía porque criticaba en sus textos semanales el proyecto de acuerdo comercial y lo vinculaba con una campaña electoral paralela que se beneficia de la millonaria propaganda televisual coincidente.

5. A raíz de un artículo que escribí sobre la amenazante tesis de «la tiranía en la democracia», intuyo mas no me consta, que los fuegos electorales constriñen el ámbito de libertad para quienes ejercemos la crítica, precisamente cuando el proceso democrático requiere más pluralidad de análisis y de opiniones. Octavio Paz escribió que la prueba de la libertad es el derecho del ciudadano a decir «no» al poder –actual o eventual, agrego yo–. Quizá las sombras de las pequeñas colinas de Úbeda –y los que se mueven en su penumbra– maculan ahora la libertad de expresión, estorbosa para algunos y sacrosanta para muchos.

6. Luego de treinta años de colaborar con artículos ocasionales, un distinguido científico ambientalista es censurado porque en un texto relativo al proyecto de acuerdo comercial hizo alusión a un sector político claramente identificable y a «un acto bochornoso para la dignidad nacional».

La enumeración de recientes coacciones sobre la libertad de pensamiento y de expresión, de impedimentos crecientes a la libre comunicación de las ideas puede ampliarse, porque cunde la intolerancia. De persistir el avance de este patrón autoritario, otras cabezas rodarán posiblemente a cambio de promesas y de premios.

Como si viviera hoy en Costa Rica, Mario Vargas Llosa escribió estos conceptos en su más reciente obra La tentación de lo imposible: «Las dictaduras (o tiranías) exageran su susceptibilidad y eso no es de extrañar pues un rasgo prototípico de todo poder autoritario es la paranoia, vivir en el sobresalto y la desconfianza permanentes hacia todo y hacia todos, viendo enemigos por doquier y, si no existen, inventándolos a fin de justificar la censura y la represión que le infunden una sensación de seguridad».

¿Se activarán los ciudadanos en defensa de la madre de las libertades, o marcharán domesticados al matadero?