Palabras en el foro «Perspectivas de La Vía Costarricense y el futuro del desarrollo», Auditorio Abelardo Bonilla, Escuela de Estudios Generales, Universidad de Costa Rica, 16 de noviembre de 2005
Gracias a la Rectoría de la Benemérita Universidad de Costa Rica por organizar este encuentro en una coyuntura nacional que reclama diálogo, no polarización. Es un honor comparecer ante ustedes al lado de costarricenses tan dignos como la maestra doña Hilda Chen Apuy, la señora Rectora doctora doña Yamileth González y el doctor don Guido Miranda.
I
¿Qué es La Vía Costarricense?
Es una herramienta conceptual dinámica para desarrollar pensamiento político específico y útil; para identificar, sumar y remozar elementos de nuestra personalidad común única e insustituible; para desatar potencias productivas, despertar fuerzas creativas, espolear energías de la juventud, enrumbar el destino nacional arriba y adelante, más alto y más lejos. Es epítome autónomo y autóctono de fortalezas y de valores, de método y de contenido para aventajar el pasado, superar el estancamiento y construir el futuro.
Los valores de La Vía Costarricense son, en primerísimo lugar, la luminosa trilogía de la libertad, la justicia y la paz. El desarrollo centrado en la persona, como elevación de un plano menos humano a una condición más humana. La producción eficiente y creciente, exógena y endógena, que genere empleo de calidad. La abundancia y redistribución de la riqueza a través de la educación, la salud, la vivienda y la infraestructura. La solidaridad que libere de la necesidad y del temor. La austeridad que postergue lo superfluo y privilegie lo indispensable.
La Vía Costarricense es un método. Ecléctico, ajeno a soluciones extremas, que concilia doctrinas de diversos sistemas. Pragmático, encuentra la verdad en la eficacia y el valor para la vida. Dialéctico por su capacidad de síntesis. Abierto porque lo examina todo y retiene lo bueno. Método que permite pensar con cabeza propia y construir consensos nacionales.
El contenido de La Vía Costarricense es republicano y democrático, reformista y progresista. Equidistante del estatismo desmedido y del capitalismo a ultranza, propugna por un régimen de economía mixta auténtico. Se acota en los artículos 50 y 74 constitucionales: el Estado procurará el mayor bienestar a todos los habitantes, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza; se reconocen y se protegen derechos derivados del principio cristiano de justicia social; el Estado debe procurar una política permanente de solidaridad nacional.
La Vía Costarricense no es construcción de un caudillo, de un partido, de una ideología o de una etapa histórica sino quintaesencia de los ritmos, las formas y los tiempos de la costarriqueñidad, perfil propio de comunidad con savia de nacionalidad cincelado en granito de Chirripó a lo largo de 184 años de vida independiente. Es «el oro de la experiencia que amontona la batalla de los siglos».
II
¿En qué momento se jodió Costa Rica?
Cuando se dejó de lado la sabiduría de La Vía Costarricense y se intentó sustituirla por añejas fórmulas europeas no adaptadas a los valores, los principios y el talante nacionales. Los estragos sociales y políticos de dos décadas de ensayo neoliberal se evidencian en el Undécimo Informe sobre el Estado de la Nación.
La recomendación final de la Comisión de Notables es buscar «un acuerdo político nacional que lleve al país en una vía diferente a la seguida hasta ahora y conduzca a decisiones fundamentales para alcanzar las metas de desarrollo humano que todos anhelamos». Los académicos, empresarios y dirigentes que emitieron la «Declaración de los 24», sugirieron «que las universidades públicas pongan en marcha un mecanismo para consensuar una visión estratégica de país, centrada en el desarrollo de la persona humana».
Luego de once años de diagnóstico realizado por el Programa Estado de la Nación, se solicita a las universidades públicas poner en marcha un segundo programa, este de prognosis para la forja de una visión estratégica nacional.
En la era de la mundialización, contar con una visión de país es un prerrequisito para el desarrollo. Los países con mayores tasas de crecimiento en el tránsito al nuevo siglo tuvieron una visión estrategia nacional. Las mejores prácticas de casos como Chile, Corea, Finlandia, Irlanda, Malasia, Singapur o Nueva Zelanda enseñan valiosas lecciones.
La visión estratégica es fundamental para cerrar la brecha entre el corto y el largo plazo. Construirla requiere que todos los actores se comprometan con las reformas requeridas, las cuales crean conflictos distributivos porque afectan o benefician a diversos actores de manera diferente. La visión ha de ser holística y equilibrada, que refleje y reconcilie la multiplicidad de intereses y retos de la sociedad. Debe identificar metas, prioridades, métodos y resultados esperados. Los avances parciales, dentro de una secuencia que se debe respetar, permiten afianzar de manera gradual la confianza entre los actores.
La visión es un proceso de facetas múltiples que se construye con base en la participación y el compromiso activos de los actores principales. Es un proceso cultural de construcción de confianza. Es un proceso político vinculante que amplía las bases de la institucionalidad democrática. Es un proceso social que ofrece a las organizaciones cívicas un espacio de participación.
Necesariamente, el proceso debe adaptarse a la coyuntura del país y a las particularidades de los actores participantes. La clave para este diálogo social fecundo está en definir los temas que se abordarán en las negociaciones o consultas, así como los alcances de su ámbito. La existencia de un objetivo social compartido, tal como la creación de empleo o de ocupación plena, en ocasiones ha inducido la creación de instituciones y el logro de acomodos para el diálogo social.
Es importante que el sector privado se una en torno a la estrategia común y participe en el diálogo con otros actores. El sector productivo es menos homogéneo de lo que comúnmente se cree. Está conformado por varios sectores como servicios, comercial, manufacturero, construcción y financiero entre otros, cuyas agendas y prioridades suelen ser contrapuestas.
El gobierno y el sector privado deben trabajar juntos con el fin de establecer una agenda política eficaz desde el punto de vista del crecimiento de largo plazo. La estabilidad macroeconómica, la integración de la economía en el ámbito internacional y la existencia de instituciones sólidas, constituyen cimientos importantes de una economía competitiva, pero no garantizan un desarrollo económico sostenido. En educación, las necesidades de las políticas públicas y del sector privado puedan encontrarse para fomentar el crecimiento y la competitividad.
Los gobiernos deben invertir en instituciones que faciliten el proceso de diálogo político y social. Las instituciones de diálogo social deben financiarse con fondos públicos pero independientemente del gobierno, y además estar dotadas de personal técnico para garantizar un diálogo informado y por tanto responsable. También es necesario apoyar a los actores más débiles, de modo que puedan estar representados y participar en diálogos que requieren de amplios conocimientos.
La existencia de un órgano formal para definir la visión de futuro, dar seguimiento y evaluar los avances ayuda de manera importante a diseñar e implementar una visión nacional. En Finlandia, el “Comité Parlamentario para el Futuro” es responsable exclusivo de lograr el consenso y dar seguimiento a su ejecución.
Con La Vía Costarricense por norte y las lecciones aprendidas de experiencias exitosas, las universidades públicas bien pueden propiciar la forja de esa visión estratégica nacional que sería el Proyecto Costa Rica Siglo XXI.
III
Desde que el europeo comenzó aquí la conquista, 480 años atrás, la independencia y la libertad han brillado en este territorio solo por un tercio del tiempo. Mucho se ha adelantado. Mucho queda por avanzar.
Entra el país al siglo XXI dotado de una gran personalidad. Las dificultades de la hora, las dudas cotidianas, los golpes de corrupción, la turbación electoral, la falta de visión estratégica nacional pueden alterar el rumbo momentáneo de la sociedad. Cuando se lanza una mirada larga hacia los albores de la nación, preciso es reconocer que en este caso la Providencia ha guiado la ruta del progreso material y del desarrollo humano. La retrospectiva revela, empero, la necesidad de redoblar empeños a fin de emparejar los avances en otras dimensiones: la eficiencia en la producción y una mejor inserción en el inatajable proceso de mundialización, la urgente restauración de la equidad y la superación de la exclusión, el afianzamiento de los valores éticos, la profundización de la cultura y el crecimiento espiritual.
No falta quien ose comparar a esta centenaria democracia con pueblos de otras latitudes que han dado espectaculares saltos de progreso económico. ¿A qué costo humano? ¿Cuánta libertad y cuánta justicia sacrificadas? Aquí se ha escogido La Vía Costarricense que prodiga tiempo y ahorra sangre en el empeño de ascender a niveles superiores de calidad de vida. El quid está no en llegar primero sino en saber llegar.
El mundo atraviesa una encrucijada ideológica. Derrumbado el estado gestor, el neoliberalismo aparece como la escoba que barre los escombros. Imposible volver atrás. ¿Qué sigue? Todos están a la expectativa de nuevas ideas y formas distintas de organización, fundadas en las ciencias modernas. En cualquier caso, la persona ha de estar en el centro y la soberanía en la nación. El Estado está para quedarse y necesario es redefinir su naturaleza y funciones, para reformarlo en consecuencia.
Maestros, abogados y agricultores fijaron las líneas directrices de la nación. El café permitió el despegue y fue el factor transformador que conformó a la sociedad. Después llegaron el banano, la ganadería y la industria ligera. El turismo se ha agregado como acelerador económico. Hacia el futuro, los motores parecen ser los servicios educativos, el aprovechamiento económico de la biodiversidad, la agricultura de alto valor agregado, la energía y las tecnologías de información y comunicación.
Ahora, Costa Rica puede crecer hacia afuera, apoyada en la plataforma de principios, valores e ideales legados por los forjadores de la nacionalidad. Mesoamérica en primer término y el Gran Caribe después, son ámbitos naturales para la expansión, como lo hacen ya empresarios pioneros. Encerrados en los valles intermontanos del centro resulta difícil generar mucha más riqueza.
Y el país debe crecer hacia el mar. Los tesoros del océano Pacífico costarricense están por conocerse y explotarse. ¿Qué impide un acuerdo de cooperación con un pueblo de pescadores como Galicia, por ejemplo? Apenas se han dado los primeros pasos hacia el porvenir como nación marítima –ubicada entre continentes y océanos–, fiel al nombre que le fue dado por los europeos.
En armonía con la madre tierra, la Costa Rica próspera que vendrá, habrá de garantizar una alta calidad de vida a sus 5.5 millones de habitantes dentro de dos décadas. La producción deberá triplicarse y la desigualdad disminuirse; el ingreso anual per cápita podrá rondar los $12.000 y desaparecerá la pobreza. El Estado asegurará servicios óptimos de salud y de educación para todos. Solo los niños y los ancianos gozarán de privilegios. La seguridad ciudadana, dentro de la seguridad humana, será norma, no excepción. Los servicios básicos –agua, electricidad, carreteras–, habrán de cubrir todo el territorio. El acceso a Internet en banda ancha estará disponible para todos. La reforestación y la conservación de la naturaleza serán práctica ciudadana. Las orquestas sinfónicas juveniles y las compañías de teatro de provincias y universidades competirán en festivales de verano. Los centros urbanos serán renovados para los ciudadanos, no para los carros. El transporte eléctrico conectará todo el país. Habrá un pequeño gobierno, eficiente y poderoso. La paz, la justicia, la libertad y la participación de la Sociedad Civil florecerán. Si Finlandia –la tierra al fin del mundo, quiere decir su nombre– ya logró casi todas estas metas nacionales: ¿por qué Costa Rica no puede avanzar hacia objetivos semejantes?
El costarricense triunfa en la academia, las ciencias y las artes, vence en los deportes como también brilla en el mundo de los negocios en Europa y en los Estados Unidos. Esos ejemplos individuales deben emularse hacia adentro. Es necesario conjuntar las mejores mentalidades, las personalidades cimeras, reconstituir una elite que marque el rumbo: los individuos solos, son personas sin poder.
Con fe inquebrantable en el futuro de la patria, es preciso repensar y replantear el proyecto de país deseable para el 2021. Un profesor de filosofía que marcó el desarrollo de la personalidad nacional, escribió en el siglo XIX: «He preguntado a los pueblos qué hora es, y me responden: es media noche; esperemos que amanezca». ¿Qué sobrevendrá con la aurora?
La democracia de los ciudadanos. Un régimen parlamentario unicameral moderno, acorde con las condiciones de la cultura política autóctona, sustituirá al cada vez menos democrático régimen presidencialista, como en Israel. La ciudadanía activa tendrá la potestad de modificar la Constitución a través del plebiscito, como en Uruguay; o de aprobar por medio del referéndum los tratados que afecten el modo propio de vida, como en Suiza. El poder democrático podrá revocar, por el voto popular, el mandato de gobernantes o alcaldes desleales o corruptos, como en California o Venezuela. El desarrollo político superará la ciudadanía pasiva, la del voto cuatrienal «por los mismos y lo mismo».
La democracia solidaria. Los derechos fundamentales económicos, sociales y culturales –o «derechos de solidaridad»–, serán realidad cotidiana para todos los habitantes. En contrapartida, los ciudadanos tendrán que cumplir fielmente con todos sus deberes. Los principios cristianos de justicia y equidad caracterizarán al reavivado humanismo democrático. Amiga de la Unión Americana y de la Unión Europea, Costa Rica será campeona en la forja de la Unión Latinoamericana. En el 2021 una mujer será Primera Ministra de esta auténtica cultura de la paz, donde la persona será el sujeto, la meta y la medida en la edificación de una democracia de los ciudadanos, más próspera y más libre.
La democracia productiva. Una economía en crecimiento con objetivos nacionales precisos, se sustentará en el apoyo mutuo y claro entre las empresas particulares y estatales: sin expansión económica nada se puede distribuir, excepto más pobreza. La empresa particular –grande, mediana o pequeña, de capital nacional o foráneo– será motor de la economía mixta, dentro del capitalismo. El cooperativismo y el solidarismo se dinamizarán. El Estado se reservará determinados servicios estratégicos. La inserción en el proceso de mundialización del comercio, se regirá por el comercio justo (fair trade) que sobrepuja al libre comercio (free trade).
La democracia eficiente. El gobierno será pequeño y fuerte. Como enseñaba el maestro don Antonio Zambrana, «nada de lo que puede ser hecho por el ciudadano debe ser hecho por el municipio, nada de que lo puede ser hecho por el municipio debe ser hecho por el Estado». Los padres de familia tendrán la autoridad que les corresponde en la dirección de la enseñanza. La Política desbancará a la politiquería; las campañas electorales durarán cuatro semanas.
La democracia aseada. La responsabilidad moral y el acatamiento de la ley serán «letra viva» en la conciencia ciudadana, formada en el amor al bien, la verdad y la belleza. Como escribió el maestro don Alfonso Carro Zúñiga, «la restauración de la probidad en la función pública, del orden ético en la sociedad y del respeto al imperio de la ley es imprescindible si deseamos volver por el buen camino costarricense de la decencia y de la honestidad». En la estrategia nacional por la eticidad, el Estado apoyará a la pequeña y mediana empresa rural, porque las virtudes democráticas se arraigan y se protegen en el campo: trabajar la tierra con las propias manos es una forma de vida en comunión estrecha con la naturaleza.
La democracia soberana. La Costa Rica que despunta con la centuria nueva, será más dueña de su destino, se guiará por la exclusiva consideración de los intereses propios del país y con primacía del criterio de que ningún Estado tiene derecho a erigirse en policía o juez de otro. La independencia nacional, la soberanía política y la integridad territorial son imperativos categóricos de la Nación.
Diseñar el porvenir de la Patria es tarea de razón y pasión, a imaginarse en conjunto por la convergencia de las mejores cabezas pensantes y los más nobles corazones sintientes. La ejecución de la visión estratégica nacional requiere construir una Nueva Mayoría, cuya misión irá mucho más allá de los comicios del 2006 ya que el dilema de Costa Rica más que electoral es, con mayúscula, un dilema Político.