En telecomunicaciones, un proyecto menos ambicioso aunque más eficaz
¿Será posible legislar sobre el operador de telecomunicaciones sin contar, como referente al menos, con un proyecto de ley marco para el sector infocomunicación? ¿Será viable un acuerdo sobre la parte, sin un punto de vista sobre el todo?
El Poder Ejecutivo remitió al Poder Legislativo un "texto sustitutivo" al proyecto de Ley de reforma del ICE, expediente n.º 15.083. La iniciativa a recambiar es, a su vez, una refundición de los proyectos presentados por el ex diputado Guido Monge Fernández (mayo 2002) y la diputada Gloria Valerín Rodríguez con otros 31 legisladores (diciembre 2002). El envío del Gobierno es un calco de lo conocido, mas no dictaminado, en la fenecida Comisión Mixta.
El nuevo "texto sustitutivo" es pasto para la hoguera polarizante atizada desde los vaivenes gubernamentales, la representación popular y diversos órganos de la sociedad civil.
Además, el Consejo Directivo del ICE acordó el estudio y análisis de un proyecto de reforma a la ley constitutiva de la institución, que contempla la modificación de tres artículos y la adición de otros tres. Se desconocen las recomendaciones de la dirección jurídica y la subgerencia de gestión administrativa, encargadas de dar seguimiento al tema. Parece un proyecto menos ambicioso, aunque más eficaz, dentro del orden ideopolítico establecido.
Atajo controvertible. Las telecomunicaciones fueron concesionadas por el Estado a operadores privados, principalmente extranjeros, de 1893 a 1963. En los 42 años más recientes, el Estado se transformó en operador dominante (compró redes telefónicas privadas y las acciones particulares del operador mixto Racsa). Ante el desafío planteado por la revolución de las tecnologías de información y comunicación (TIC), aparecen cuando menos tres posiciones: el estatismo, la privatización y el régimen de economía mixta. Para algunos, la apertura -indefinida aún en sus alcances- vendría a ser un atajo controvertible.
En tanto persista la indefinición sobre el rumbo del régimen de las telecomunicaciones, los proyectos de ley sobre el sector (el todo) o el operador (la parte) son combustible para esa babelia u hoguera polarizante. Así el país no se estanca, sino que retrocede.
(La Nación)