La Asamblea Legislativa decretó, el Gobierno mandó ejecutar y el diario oficial publicó la ley n.° 8510 del 16 de mayo de 2006, que declara el 1° de setiembre como Día de la Libertad de Expresión.
Es la fecha de natalicio del doctor José Mª Castro Madriz, reconocido desde el siglo XIX como «campeón de la garantía de la emisión del pensamiento» (por el Dr. Pedro Mª de León-Páez) y desde comienzos del siglo XX como «fundador de la libertad de imprenta en Costa Rica» (por el Dr. Antonio Zambrana).
Las instituciones públicas quedan autorizadas para celebrar actos conmemorativos relacionados con el Día de la Libertad de Expresión. Responsabilidad especial se atribuye al Ministerio de Educación Pública y al Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes.
La Junta Directiva del Colegio de Periodistas 1977-1978 (Marta Núñez, Wilfredo Chacón, Álvaro Madrigal, los recordados Mauro Fernández y Rafael Ángel Ramírez, Marco Aurelio Salazar, Enrique Villalobos, y quien escribe) celebró hace 29 años el Día de la Libertad de Expresión ante el busto del Dr. Castro Madriz en la esquina capitalina de la avenida Central y la calle Segunda.
La Administración Monge emitió el decreto n.° 14.803 del 25 de agosto de 1983: «Declárase el primero de setiembre de cada año, natalicio del Dr. José María Castro Madriz, Día de la Libertad de Expresión». A propuesta de la Secretaría de Información y Comunicación, el Presidente de la República impuso la Medalla de Honor a la Libertad de Expresión al patriarca de los periodistas don Alberto F. Cañas (1983), al recordado presidente del Poder Judicial don Fernando Coto Albán (1984) y al heroico periodista don Carlos Vargas Gené (1985) herido en Santa Rosa durante la invasión de 1955 y en el atentado de La Penca en 1984.
En 2002, la representante ramonense doña Lilliana Salas reanimó la idea y presentó la iniciativa, transformada al fin en enaltecida ley de la república.
Hace 164 años que el Dr. Castro Madriz fundó desde el Estado el periódico Mentor Costarricense, con este razonamiento: «La opinión pública que debe ser el oráculo de un gobierno libre y popular, no puede conocerse bien si no es expresándose bajo los auspicios de la augusta libertad de prensa, y tampoco puede ilustrarse si no es con el debate de los escritos, de que resulte triunfante la verdad».
Faltaban 127 años para la llegada de la Internet cuando en su segunda administración el presidente Castro Madriz escribió: «Creo que la expresión de la verdad, aún la más amarga, conviene al gobernante que como yo, tiene al valor de abdicar ante ella sus errores, y el sincero deseo de tomarla por la base de sus actos».
La madre de las libertades cobra nuevos significados y alcances más altos en la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Los principios permanecen, las formulaciones evolucionan.
El centro de la vida democrática es mediático. Los políticos migraron de la política grande a la pantalla chica, derivaron a la telecracia o el videopoder. Gobernar devino en una emoción televisiva. Sin embargo, el ciudadano desconcertado es el titular por antonomasia de las libertades constitucionales de pensamiento, expresión, circulación de ideas y derecho a la información.
La democracia de los ciudadanos demanda, en la hora actual, construir ciudadanías comunicativas y ciudadanías digitales.
La ciudadanía comunicativa es el reconocimiento y ejercicio de los derechos a la información y la comunicación consagrados jurídicamente y la búsqueda de su ampliación. Conciencia y práctica, es condición necesaria para revertir, mediante la participación de las personas en la esfera pública, los crecientes niveles de exclusión económica y social existentes, las consecuentes situaciones de inequidad, así como para consolidar el sistema democrático.
La ciudadanía digital incluye normas, derechos, obligaciones y prácticas de comportamiento concernientes al uso de las tecnologías de información y los problemas del uso, mal uso y abuso de ellas: cada vez más, un ciudadano activo y participativo será un internauta crítico en un espacio de interacción comunicacional signado por la tecnología.
Agradecidos por las ejecutorias del Fundador de la República quien ofició para civilizar, los costarricenses de hogaño debemos bregar por el ensanchamiento de las libertades fundamentales y, en primerísimo lugar, la esencial Libertad de Expresión.
(La Nación)