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Maceo une a Cuba y Costa Rica
Junio 23, 2006 12:08 PM


Por José Eduardo Mora

El periodista y escritor Armando Vargas Araya dictó el pasado 14 de junio la conferencia "El Código de Maceo" en la Asamblea Legislativa, en la que hizo un minucioso retrato de la dimensión del general (1845-1896) en el continente.

Con motivo de esa disertación y de su libro Idearium maceísta, Universidad conversó con el autor sobre lo que representa la figura de Maceo para Cuba y cómo creó un ligamen "espiritual" con este país centroamericano.

¿Qué aspectos ideológicos y revolucionarios lo acercaron a la figura de Antonio Maceo?

Dos motivos me condujeron a emprender la tarea de escudriñar la etapa costarricense del Héroe de Baraguá. Una solicitud de mi amigo don Ismael González González, Viceministro de Cultura de Cuba. Y lo que mi señora esposa ha llegado a estimar como designio del destino.

Comienzo por lo segundo, que es primero. Mis padres residieron a comienzos de su matrimonio en la misma península de Nicoya donde se afincó el General. Los primeros dieciocho meses de mi vida transcurrieron en la ciudad de Nicoya, a 12 kilómetros del poblado establecido por los mambises.

De niño escuché historias de los cubanos de La Mansión, aunque no recuerdo haber oído el nombre del héroe. Fue a mis 12 años cuando advertí el busto de Maceo, a dos cuadras de la residencia de mi abuelo paterno, en el barrio capitalino de Los Ángeles: los asilados políticos se congregaron en aquel rincón de cubanía a festejar la caída de Fulgencio Batista.

Cuando visité Cuba por primera vez en 1978 traje como memento los 27 tomos de la Obra Completa de Martí en la edición de 1975: deslumbrado, leí con fruición sus numerosas cartas a Maceo y su espléndido ensayo de Patria sobre el héroe.

En 1987, Marta Carrasco, del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ITCR), me obsequió los tres tomos de la obra de José Luciano Franco. Fue ahí y entonces cuando emprendí la indagación maceísta.

En 1993 Manelo González, entonces director del Centro de Estudios Martianos, me obsequió -pirograbado en una hoja de almendro, que conservo aún en mi biblioteca- la versión abreviada de aquel luminoso pensamiento martiano: "Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol; el sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas; los agradecidos hablan de la luz". Y me solicitó un artículo sobre el centenario de la partida de Maceo de Limón hacia Baracoa el 25 de marzo de 1895. Llevo escritas 1.500 páginas del manuscrito y voy por noviembre de 1894: todavía no llego a la Expedición Costa Rica-Cuba que originó la pesquisa histórica.

¿Revive su libro el interés por Maceo en la historiografía costarricense?

Aspiro a ser considerado como un estudioso maceísta y, en consecuencia, estudioso también de las históricas relaciones fraternales entre los pueblos de Costa Rica y de Cuba. Fue un gobernador habanero quien introdujo el café a la entonces menguada colonia hispana y de Matanzas nos llegó el primer tratado de caficultura. Nuestro segundo himno nacional, la Patriótica Costarricense, es adaptación del poema A Cuba, del bardo santiaguero Pedro Santacilia, el hijo político del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez. Filósofos, pedagogos, juristas, empresarios, médicos y periodistas cubanos coadyuvaron a la formación de la cultura y la civilización costarricenses en la segunda mitad del siglo XIX -"La cáscara aún la oprime, pero ya aquello es república", observó José Martí tras su visita de 1893-. Don León Pacheco afirmó: "Podemos decir los costarricenses que a partir de la influencia de los cubanos de la emigración, nacemos a la conciencia de la vida intelectual". La permanencia del General y sus mambises en Costa Rica, nación istmeña y antillana, marcó para siempre los lazos espirituales que unen a ambos pueblos. Es dentro de este radiante espíritu entrañable que llevo adelante mi trabajo.

Aunque Martí estuvo muy poco en el país, ¿considera que esa es otra investigación pendiente, para ubicar a la figura cimera de la independencia cubana y su paso por Costa Rica?

"Martí vive entre nosotros como la realidad de un pasado y seguirá viviendo como la cifra de un porvenir", escribió en 1935 don Víctor Manuel Cañas. A título de Delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC), el Apóstol llegó en 1893 y en 1894 para reunirse con el general Antonio Maceo y con el maestro, jurisconsulto y periodista Dr. Antonio Zambrana, diputado constituyente en los albores de la nación cubana.

La perspectiva martiana sobre Costa Rica maduró y se enriqueció durante esas dos visitas. Comparó el país a un poema épico del trabajo, unidos sus hijos por el fervor patriótico; sus mejores virtudes cultivadas en el campo y en especial el amor a la libertad, así como sus arraigadas creencias de moderación y orden.

Enumeró generosos rasgos de la singularidad nacional: culta por la escuela y por el libro, así como por la apertura mental de sus dirigentes; valiente y segura de sí misma, como lo había demostrado en la guerra contra el filibustero William Walker, solidaria con los perseguidos políticos de numerosos países y territorios.

Mención especial amerita una diáfana previsión martiana de Costa Rica ante la hiperpotencia económica planetaria, testimonio de fe y esperanza que cobra plena actualidad en los umbrales del siglo XXI: "No será Costa Rica, entre las naciones de América, la que llegue a la cita de los mundos, sin el desenvolvimiento y persona nacional indispensables para medirse en salvo con el progreso invasor".

"Donde se honre a Martí, yo estoy", dijo don Joaquín García Monge en 1944.

Está por publicarse un texto de mi autoría titulado Las dos visitas de José Martí a Costa Rica, 1893 y 1894, con prólogo del expresidente de la República don Rodrigo Carazo Odio.

En su criterio, ¿por qué figuras de la talla de Martí y Maceo, para citar solo a dos, están ausentes en la enseñanza costarricense, con lo cual se profundiza en el desconocimiento de lo "latinoamericano"?

La globalización habla inglés, la "latinoamericanidad" español y portugués. No obstante esta comprobación, puedo informarle que la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) está por sacar de sus prensas en estas semanas un nuevo libro mío titulado El Doctor Zambrana: Padre y Maestro de la Democracia Republicana Costarricense (1846-1922), con prólogo del ex Canciller de la República don Rodrigo Madrigal Nieto.

¿Cómo explica su acercamiento a Cuba en los últimos años, si usted ha estado más cerca de gobiernos antagónicos a Fidel Castro, como fue el caso del de Luis Alberto Monge, en el que usted fue su Ministro de Información y Comunicación?

En 60 años de vida siempre he estado en el sector privado, con excepción de cuatro años que serví en el Gobierno de la República: quizá usted sepa cuestiones que desconozco de mi propia existencia como eso de "haber estado cerca de esos gobiernos", ¿cuáles? Tal vez usted, don José Eduardo, quiera ilustrar a los lectores del Semanario Universidad sobre supuestas actitudes o acciones antagónicas contra el gobierno de La Habana emprendidas por la Administración 1982-1986.

Creo que las relaciones que unen a los pueblos costarricense y cubano están por encima de cualquier diferencia circunstancial, breve o prolongada. Y que, como bien dijo en 1941 el Ministro de Cuba en Centroamérica: "Antonio Maceo será el punto de contacto imperecedero entre las repúblicas de Costa Rica y Cuba".

¿Qué opinión le merecen las constantes distorsiones que sobre Cuba propicia a diario la prensa internacional?

Toda distorsión de la prensa sobre cualquier tema me parece deplorable. El periodismo está siempre y en todo lugar obligado a servir la verdad.

(Semanario Universidad)