• Un libro sobre circunstancias que pusieron en riesgo la seguridad nacional
Las contiendas abrasadoras de la Guerra Fría comenzaron y acabaron en los tórridos territorios ístmicos con la invasión y el derrocamiento del presidente Arbenz en Guatemala (1954) y la guerra sandinista en Nicaragua (1978-1979). Triste historia de hermanos sacrificados en el altar de las superpotencias, ruleta infernal en la que Moscú y Washington ponían las armas y Centroamérica, los muertos.
Don Juan José Echeverría Brealey, ministro de Seguridad Pública en la primera etapa de la Administración Carazo, presenta su libro La guerra no declarada (Editorial de la Universidad Estatal a Distancia), con su perspectiva individual y política del conflicto contra la dinastía somociana que conmovió a Costa Rica hace ya casi tres décadas.
Es un libro de remembranzas y rendición de cuentas, de fácil lectura. El texto contiene algunos documentos públicos y está aderezado con sabrosas anécdotas, entre las cuales destaca una. El embajador de Estados Unidos intenta entregar un telex del presidente Carter al presidente Carazo, quien lo rechaza tres veces, dictándole al fin esta respuesta: “Dígale al presidente Carter que se vaya para la mierda, que al presidente de Costa Rica no lo amonesta nadie”. Comenta el autor: “Este fue uno de los más firmes actos de dignidad en defensa de nuestra soberanía e independencia” (páginas 137-138).
Qué bien que los actores de aquellos días publiquen su versión de los hechos, materiales valiosos para la reconstrucción histórica de un punto de inflexión cuyas consecuencias subsisten –como ritornelo– en Panamá con Torrijos (hijo), aquí Arias y Ortega en Nicaragua (candidato favorito según las encuestas).
La obra recoge hechos y los coloca en una perspectiva local e inmediata, casi como crónica circunscrita a una visión lugareña. Hay referencias mínimas a hechos poco claros aún: la facción tercerista de los sandinistas basada en Costa Rica, radio Sandino opera desde Bello Horizonte, la Junta de Gobierno constituida en San José, y, por encima de todo, la colaboración del Gobierno de la República en aquellos acontecimientos que dividieron al gabinete ministerial y al país todo.
Como quien camina rapidito y en puntillas sobre ascuas, hay menciones aquí y allá de las brigadas bélicas del partido Vanguardia Popular. El texto muy selectivo deja por fuera la presencia de significados personajes cubanos en el territorio nacional y el tráfico de armas para los sandinistas. Estos hechos forman parte de estudios de autores estadounidenses (Robert Kagan, A twilight struggle: American power and Nicaragua, 1977-1990, New York: Free Press, 1996) y cubanos (Norberto Fuentes, Dulces guerreros cubanos, Barcelona: Editorial Seix Barral, 1999). Una nube de misterio encubre la visión costarricense de aquellas realidades. ¿Quién escribirá sobre esos aspectos de la guerra contra el somocismo?
Este libro de Echeverría Brealey es un hito en el proceso de iluminación sobre unas circunstancias que pusieron en gravísimo riesgo la seguridad nacional. A criterio de don Eugenio Rodríguez Vega, la obra “es de una importancia extraordinaria pues (el autor) vivió los hechos desde dentro, lo que permite aportar detalles humanos y confidenciales que le dan al relato un carácter en verdad apasionante”.
Un día de julio de 1979 están en la Casa Presidencial algunos miembros de la Junta de Gobierno que reemplazará al régimen somocista (página 162). Piden garantías de seguridad personal cuando por disposición del presidente Carazo serán trasladados a Nicaragua en aviones del Gobierno de Costa Rica. La Ministra de Cultura, Marina Volio, los conmina: “Miren, si tienen miedo de ir, yo voy con ustedes”.
La presentación de La guerra no declarada, de Echeverría Brealey, está a cargo de don Rodrigo Carazo Odio y don Eugenio Rodríguez Vega, en el Instituto de México el 19 de julio a las 18h30.
(La Nación)