Artículos más recientes

En democracia, prevalece quien transige
En busca del Doctor Zambrana
Nuestros Padres Fundadores
Latinoamericanidad de Figueres
El siglo de Figueres
Ante el busto del Fundador de la República
Hacia una Estrategia Nacional contra la Corrupción
Tres reportes sobre telecomunicaciones
La guerra no declarada
El Registro y el Correo
El "Código de Maceo"
Maceo une a Cuba y Costa Rica
El Día de la Libertad de Expresión
Benemérito ciudadano de oro
¿Es el costarricense un pueblo con voto pero sin voz?
Walker pervive, Mora periclita
"Seguridad alimentaria", nuevo libro de don José Calvo
¿Cuántos a favor y quiénes en contra?
La parte y el todo
La forja de una visión estratégica nacional


En democracia, prevalece quien transige
Noviembre 16, 2006 11:28 PM


Hoy 17 de noviembre de 2006, a las cinco de la tarde, se presenta en el auditorio Alberto Brenes Córdoba de la Universidad de Costa Rica, el libro El Doctor Zambrana: Padre y Maestro de la Democracia Republicana Costarricense (1846-1922), escrito por Armando Vargas Araya y publicado por la EUNED. Los comentaristas de la obra serán los historiadores Clotilde Obregón Quesada, Jorge Sáenz Carbonell y Eugenio Rodríguez Vega. La actividad es organizada por la Cátedra de Historia del Derecho y la Cátedra de Humanidades Enrique Macaya Lahmann. El texto siguiente fue leído por el autor en la primera presentación del libro, hace diez días en el Colegio de Abogados.


“¿Qué lecciones daría hoy el Doctor Zambrana a los costarricenses?”, me preguntaron en un programa de la Radio Universidad de Costa Rica. Menciono tres que son una misma.

1. A la muerte de Giuseppe Garibaldi, escribió el Maestro en 1882 que “la actividad del espíritu humano ha sido siempre campo de tendencias rivales que agitan en verdadera batalla el mundo interior del alma y que salen a combatirse para dirigir el mecanismo de la sociedad en lucha en que hierven todas las pasiones y en que se dislocan todos los intereses. Dos grandes corrientes se marcan con ondas, a veces tranquilas, a veces tormentosas, en la historia del pensamiento humano. Materialismo e idealismo aquí, clasicismo y romanticismo allá, individualistas y socialistas, protección y libre cambio. No hay esfera sin combate, no hay idea que penetre sin batalla en el dominio de aplicación a la vida.

“¡Honor a los que en la hora de las transacciones saben transigir! ¡Honor al guerrero que envaina su espada, al tribuno que interrumpe su propaganda, al periodista que levanta su pluma en la crisis en que el patriotismo pide soluciones que no están escritas en las banderas de su creador! La gloria de Garibaldi no sería cumplida sin su transacción [con la monarquía] tan necesaria como difícil, tan desinteresada como fecunda. Por eso su existencia admirable enseña la lección de los valerosos y la contemplación de los prudentes”.

Una de las enseñanzas zambránicas para hoy es la necesidad de transigir, de consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia. En democracia prevalece quien sabe transigir.

2. Otra de sus lecciones versa sobre el reformismo como alternativa al radicalismo. En una polémica de prensa, escribió en 1896: “Él quiere progreso hecho de un golpe, y yo digo que así no puede hacerse; él no admite sino toda la libertad y toda la justicia o la ruina y la muerte, y yo estoy penetrado de que por esas sendas se llega de seguro y sin disyuntiva –por regla general, se entiende– a la muerte y a la ruina, sin que haya esperanza de justicia ni de libertad; él debe creer que la política es algo así como la geometría, y yo que la política es la ciencia de colocar el ideal en la realidad hasta donde quepa, como quepa y cuando quepa.

“Creer que la única evolución es la radical, que el único camino es el que conduce en menos tiempo; que no hay disputa que deba comprometerse en árbitros; que no hay medias tintas ni soluciones intermedias, ni relatividades, ni condicionamientos, ni treguas; que nada de ello debe de admitirse en lo político. Precisamente sostengo todo lo contrario. A los que así pensamos nos llaman vendidos, aunque nadie nos compre, y cobardes, aun cuando el que lo vocifera esté muy lejos de ponerse en riesgo, y nos niegan, por supuesto, los elogios y los aplausos que entre sí distribuyen generosamente los febricitantes; pero esos torpes desafueros no suelen molestarnos demasiado a los que tenemos la pequeñez de pensar con la inteligencia y no con la imaginación ni con el sentimiento.

“¿Cuál es nuestro delito? Ver la realidad tal cual es; no pensar que con arranques oratorios, con frases líricas, se pueden desarmar los cañones. La cuestión no es de valor ni de desinterés: es simplemente de raciocinio y de experiencia; podemos estar equivocados, con frecuencia, los transigidores, –quizás lo estén, con más frecuencia, los otros–: lo que no admito es que la cuestión lo sea de anatemas y de vilipendios”.

Esta enseñanza pinta una connotada característica costarricense: la opción por el gradualismo, la preferencia por el progreso paso a paso que marca el desarrollo histórico de la república. Virtud autóctona que responde a factores geográficos y humanos, encontró en Zambrana una formulación racional influyente hasta la hora actual. En la época presente se ha subrayado el valor excepcional del estilo progresivo de la Vía Costarricense al Desarrollo, en contraste con países que han tomado la ruta del cambio radical”.

3. Tercera lección y final, por ahora. En 1901 era necesario hallar salida a tres décadas de gobiernos autoritarios y el Doctor Zambrana animó una solución negociada. “¿Por qué está aquí la política tan turbia? Porque personas que tienen un interés bastardo en ello, opinan por la presidencia vitalicia y aun hereditaria”, advirtió. “Don Rafael Iglesias es capaz de darse cuenta de cuánto más que un término de presidencia vale el respeto de los propios, la admiración de los extraños, el aplauso de la Historia, la délfica corona con que la posteridad premia el recuerdo de ciertas abnegaciones alzadas y viriles”.

Sabía el Maestro que los factores sicológicos siempre son de importancia suma en una crisis y aplicaba su inteligencia y su pluma a tocar con sensibilidad magistral las cuerdas íntimas del Presidente y su entorno afectivo y político. “En política la gloria se gana solo con la virtud. Tómele el pulso a la opinión, atienda lo que la propia conciencia ha de decirle. Hacemos un solemne llamamiento a la transacción generosa y sensata, estamos dando desahogo a las ansiedades del país, que no quiere luchas ni camorras. Cuenta nueva; saldo borrado; patente limpia: a empezar la obra común del patriotismo sin pasarse reclamos mutuamente. Es lo único racional y culto. Si a Mirabeau, cuando quería entenderse con la Corte lo hubieran escuchado, ni a Luis XVI lo decapitan, ni los blasones de la libertad se manchan con la sangre del terror, ni Bonaparte ensangrienta al mundo. No hay ciclo de la historia que no contenga las mismas enseñanzas”.

En los anales del desarrollo democrático costarricense, se valora cada vez más la importante apertura política de 1901 que evitó una salida militar y fijó las elecciones como procedimiento institucional para dirimir disputas sobre la sucesión presidencial. Fue la victoria de un procedimiento grato a la mentalidad de los liberales: el debate amable, la discusión a media voz, el respeto a todos los formalismos legales.

Concluyo –en este Día de la Democracia según ley de 1942– con unos conceptos que incluí en la “Introducción” del libro.

¿Importa Zambrana hoy?

Sí, porque la principal misión del pensamiento es la de determinar el futuro: el pensamiento precede a la acción, como el relámpago al trueno. En la crisis de transición que surca nuestra sociedad hacia la Tercera República –enervada la farmacopea neoliberal impuesta en los amargos tres lustros más recientes–, conviene escudriñar los proyectos de país diseñados por generaciones precedentes. El apotegma de George Santayana, “los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla”, podría hacerse trágica realidad si imperaran aquellos que apetecen el statu quo ante de la Revolución Liberal Positivista: así de vasta es la apuesta casada sobre la arena política nacional. En semejante coyuntura, es necesario rescatar valores democráticos, principios republicanos, objetivos económicos y planes sociales, propósitos educativos y culturales e ideales de espiritualidad, dentro del ánimo de restituir significación al futuro del tiempo costarricense. Si los orígenes enriquecen al presente, el presente debe alimentar al porvenir: un revivir que es al mismo tiempo renovar y conservar el patrimonio adquirido, tradición/transición: “ser fiel a la tradición es ser devoto de la llama, no de la ceniza”. Hoy como ayer, el Maestro de don Cleto González Víquez y de don Ricardo Jiménez Oreamuno puede amparar con sus ideas-fuerza la restauración de la confianza a fin de construir un futuro diferente, reencontrar la vocación económica del país, rebalancear las fuerzas del mercado y las potestades del Estado, e inventar una nueva filosofía de los derechos sociales que ascienda de la asistencia estatal a la plena inserción participativa y productiva de todas las personas en las faenas de la patria. Las utopías de una época suelen ser la obra de las generaciones siguientes: el pensamiento zambránico puede ser útil al alborear el siglo XXI en la tarea histórica de llevar a la práctica nada menos que la democracia de los ciudadanos, la república sincera, eficaz y honesta que él enalteció.