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Joaquín Vargas Gené, un periodista de verdad
Diciembre 3, 2006 08:30 PM


• Palabras en el acto solemne del Observatorio de la Libertad de Expresión en memoria de dos de sus honorables fundadores, Colegio de Abogados, 29 de noviembre de 2006.

Agradezco la oportunidad de reflexionar sobre la singladura vital de un caballero sin miedo y sin tacha, de carácter profundamente humano y comprensivo, quien personifica a cabalidad el concepto costarricense de la patria.

1. Primeros años (1922-1946)

En el día de nuestra Señora de la Inmaculada Concepción nace en 1922, en medio de la algarabía popular de los juegos de pólvora alusivos, don Joaquín Vargas Gené. Y a la capital llega la cigüeña –como se dice entonces– por partida doble, con su hermano gemelo don Carlos. Es hijo de la civilización y de la cultura catalanas por su señora madre doña Anita Gené Calsamiglia (1898-1978), y vástago de las esencias más puras de la costarriqueñidad, variedad pilarica, por su señor padre don Joaquín Vargas Coto (1895-1959) –el mejor de los cronistas que hasta hoy ha dado este bendito país–.

Embebe con la leche materna y recibe del cuidado paterno los atributos de su personalidad, que enriquecen su inteligencia y su carácter naturales, elementos todos que acendrará en sus años de madurez. De la madre aprende el amor, la cortesía, la generosidad, la compasión y la humildad. Del padre adquiere el coraje, la justicia, la simplicidad y la buena fe. De ambos, la entrañable raigambre en el terruño.

En la escuela Juan Rudín comienza su enseñanza elemental, interrumpida en consecuencia de las heridas que sufre su señor padre en el bellavistazo de 1932, mientras buscaba información. Concluye la primaria como interno en el Colegio de Los Ángeles.

A los 19 años es bachiller –más en letras que en ciencias–, por el Liceo de Costa Rica. Don Mario Fernández y don Elías Villalta son dos de los profesores que influyen en su formación; de sus compañeros, conserva amistad de por vida con don Edgar Baltodano, don Juan Ulloa, don Eduardo Yamuni y don Samuel Bermúdez.

Pasa pronto a la Universidad de Costa Rica, en la que acomete estudios de derecho, que interrumpe por tres décadas. Es que la influencia de la pluma paterna y las urgencias de su vocación precoz, lo arrastran al periodismo – “el mejor oficio del mundo”, según Gabriel García Márquez–.

Es uno de los fundadores de La Nación en 1946. Discípulo de su padre, se forma por inquietud y esfuerzo personales en la lectura y en los debates de las tertulias bohemias. Destaca entre sus compañeros por la sagacidad de su rápida comprensión, la lectura penetrante de los hechos, la facilidad de expresión escrita y los bríos de la mocedad.

2. España y La Nación (1947-1957)

Dirige La Nación el periodista de origen gallego don Sergio Carballo Romero, quien lo escoge para una beca española en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe. Su compañero en la travesía del Atlántico es el filósofo cartaginés don Luis Barahona Jiménez. En aquel centro universitario madrileño, sobre la avenida de Séneca, halla –a sus 25 años de edad– residencia y ambiente propicio para expandir su horizonte vital. A 8.500 kilómetros de distancia, observa los hechos del 48 costarricense. Inserto de lleno en la cultura europea, se gradúa de la Universidad Complutense en la carrera de periodismo.

Regresa y contrae nupcias en 1949 con la virtuosa señora doña Marta Castegnaro Cañas, a quien conoce en el periódico, donde ella se desempeña como única persona encargada de la recepción de anuncios. La paternidad llega al año siguiente y es abuelo en 1979.

De España trae en su aljaba técnicas, experiencias y normas europeas para renovar el diarismo nacional. Asciende de redactor de planta a Jefe de Redacción. Introduce la práctica del periodismo de investigación y gana laureles con folletines de casos célebres como el robo de la imagen de la Virgen de los Ángeles, los crímenes de La Carbonera, la cuesta de La Traube o el de Colima, ilustrados con dibujos de Oscar Bákit Padilla. Estos reportajes espectaculares, junto con las inconfundibles crónicas sociales de la recordada Myriam Francis Brenes, levantan la circulación del periódico hasta la cima, favorecido por la hábil gestión de don Ricardo Castro Beeche y el apoyo de las incipientes agencias de publicidad. Son años de esplendor, periodo en el cual es reconocido como el más auténtico periodista de su generación.

Sus colegas de todos los diarios y de todas las radios lo colocan en el centro mismo de las tertulias de periodistas, en las cuales se vivisecciona la humanidad de políticos y empresarios, se cuentan historias impublicables y se oyen los cuentos más colorados. Es gallero y, entre bromas y veras, incursiona con afán experimental en el espiritismo –como Rogelio Fernández Güell, periodista y espírita–. Un día prueba suerte como empresario y abre "El Quijote", un antro de periodistas próximo a los patios del Ferrocarril al Pacífico, que a poco cierra por impericia de la socia capitalista, Lala Solá; la tertulia se traslada entonces a "El Pierrot", de Virginia Grütter y Jean Moulaert. Son tiempos de ingenio y de gracia, de ensueños literarios, de aspiraciones juveniles y travesuras de antología, desaparecidos casi del todo. Encarna la máxima, acuñada por don Luis Alberto Monge, según la cual “la bohemia, bien administrada, humaniza”.

Las heridas del 48 están abiertas. Los jefes del régimen caído siguen en el exilio, expropiadas sus fincas y negocios, proscrito el partido comunista. La paz es rota en 1955 por la invasión de los mesnaderos de Coyotepe, último enfrentamiento armado entre costarricenses. Llega a Santa Rosa a título de corresponsal de guerra, en compañía de su hermano Jorge y otros periodistas. Ambos resultan heridos en la batalla del 15 de enero; Jorge fallece dos días después. Publica el reportaje de la acción de armas, que culmina con el relato de la muerte de su propio hermano. Medio siglo más tarde, escribe una crónica de aquellos hechos de sangre. El Colegio de Periodistas establece en 1977 el "Premio Jorge Vargas Gené", que honra a uno de los mártires del diarismo nacional.

Se amiga con el extraordinario diputado de oposición don Mario Echandi Jiménez, Benemérito de la Patria, quien detecta desde 1952 el diamante de su capacidad innata de Comunicación Política. Le confía la conducción de lo que todavía se denomina “propaganda política” y lo incorpora a su Comando de Campaña. Imperan la intuición, el olfato y la astucia, cuando aún no hay sondeos de opinión pública, marketing político, ni “focus groups”. Es la época de oro de la prensa y de la radio como vehículos de persuasión partidista, superadas luego por la televisión y, ahora, la Internet. En el transcurso de la aguerrida campaña, se fortalecen los nexos de confianza, transparencia y respeto mutuo entre el comunicador y el líder. Derrotado el partido de la Revolución del 48, a los 36 años de edad pasa del periodismo al Gobierno y es designado en la cartera de Gobernación y Policía.

3. Ministro de Gobernación (1958-1962)

Desde el ministerio político por excelencia, tiene la responsabilidad de conducir las relaciones interiores con los supremos poderes del Estado, las autoridades provinciales y cantonales, los partidos, la prensa y los demás poderes fácticos. Manda la Guardia Civil y las otras fuerzas de seguridad pública. Apenas siete años mayor, el Presidente Echandi deposita en él toda la confianza. Durante el cuatrienio le son recargadas, en distintas ocasiones, las carteras de Justicia, Gracia, Culto, Presidencia y Seguridad Pública, así como la gerencia del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo.

Es factor clave en la exitosa estrategia de reconciliación nacional distintiva de la Administración Echandi, que integra el gabinete con personalidades provenientes de diversas corrientes políticas. Si bien le toca lidiar en la Asamblea Legislativa con las reunidas tendencias mayoritarias del orlichismo y el rossismo liberacionistas, alcanza logros notables como entregar al ICE el desarrollo de las telecomunicaciones, crear el Instituto de Tierras y Colonización o el Servicio Nacional de Acueductos y Alcantarillados. Este es el Gobierno que da los primeros pasos serios hacia la universalización de la seguridad social. Se aprueba la Ley de Protección y Desarrollo Industrial y se establece el Ministerio de Industrias. Los hechos de Punta Llorona dan pie a la reafirmación de la neutralidad del Estado ante los conflictos bélicos.

Mérito personal del ministro de Gobernación es la reforma penitenciaria que lleva adelante desde la presidencia del Consejo Superior de Defensa Social. Las cárceles eran infrahumanas y él cambia aquel lamentable estado de cosas. Hace del penal de San Lucas una colonia agrícola y abre otra en la de Boca del río San Carlos. Como periodista había conocido a José León Sánchez, a quien como ministro encuentra en un calabozo subterráneo; es tan acertada esta acción gubernamental suya, que aún en la cárcel el laureado escritor se convierte en su amigo personal hasta acompañarlo en sus exequias. Para él, todo ser humano es igual en la enaltecida dignidad de la persona.

Echandista azul-azul, demuestra profundidad política para sumar a su pensamiento incluso planteamientos de los adversarios; procura siempre la concertación de los contrarios y fomenta la convivencia armoniosa. La honestidad, la rectitud y la entereza le son consustanciales. En un gabinete de lujo, es un ministro ejemplar.

4. El Diario de Costa Rica (1962-1964)

Sin solución de continuidad, regresa del ministerio al periódico y asume la dirección del Diario de Costa Rica, al que había dejado atrás desde La Nación. Trae la rica experiencia de Gobierno y comprende, como ninguno, los hilos ocultos que mueven el poder en la sociedad.

El Diario es un taller de periodismo; más que un trabajo, es una forma de vida. Director y redactores andan juntos a la hora del almuerzo, en el café de las 4 o la tertulia nocturna. Exige profundidad y contexto en la información; obliga a recoger dos y tres criterios distintos en cada nota; jamás critica desde el editorial o las columnas conceptos y opiniones no contenidos en las páginas informativas; ninguna idea, ninguna persona, ningún sector es ninguneado. El periódico es la plaza pública y el foro de los costarricenses, en los que se debaten los asuntos públicos y privados. La libertad de expresión se respeta y se practica sin cortapisas. Aun en el fragor de la Guerra Fría, cultiva la tolerancia como virtud de la democracia.

Su ideología es la costarriqueñidad más depurada, ecléctica y pragmática –para la patria, “todos los sistemas y ningún sistema, he ahí el sistema”–. Privilegia lo propio sobre lo foráneo. Promueve la ciudadanía activa. Lee y recomienda Una nación de borregos sobre la apatía y la ignorancia de los ciudadanos en los asuntos atañederos al buen gobierno de la sociedad. Advierte sobre el peligro que apareja el adocenamiento de la gente, llamado luego “pueblo domesticado”. La elaboración del conocimiento informativo es tarea íntimamente vinculada con el proceso democrático. El periódico es un diálogo cotidiano de la nación consigo misma. El periodista es una mente política en un corazón cívico.

El Presidente de Estados Unidos es asesinado y, a vuela pluma, escribe un editorial. Al tiempo, se cartea con él Pierre Salinger, quien fuera Secretario de Prensa de aquel mártir de la democracia. Solo un comentario de los periódicos hispanoamericanos aparece en su obra With Kennedy: es el editorial del Diario.

Así como la calidad del periódico mejora, se quebranta la salud financiera de la empresa editora. Don Otilio Ulate había hecho grande al Diario en su lucha de tres lustros contra La Tribuna. Comete el yerro de sacar a don Cipriano Güell de la administración del periódico para nombrarlo Gerente de la Caja del Seguro y el error de poner el Diario al servicio de su Gobierno de 1949 a 1953; el periódico queda herido de muerte, hasta cerrar sus puertas una década después, en 1964.

5. La Palabra de Costa Rica (1965-1966)

Pasa de la prensa plana al periodismo radiofónico. Dirige La Palabra de Costa Rica, el influyente noticiario fundado por aquel varón magnífico que fue el escritor y periodista don Adolfo Herrera García, el entrañable y espiritual Fofa Herrera de impostergable rescate. El primer locutor de noticias había sido su hermano político, el aún hoy presente don Rodrigo Fournier Guevara.

“Gallo viejo, con al ala mata”: con remarcada suficiencia dirige el periódico hablado, esencial para quienes no tienen acceso a la prensa, mientras la televisión apenas despega. Las ondas radiofónicas proyectan por todo el territorio su bonhomía, espíritu de servicio y diáfano patriotismo. Es, a un tiempo, serio y entretenido, porque sabe que la búsqueda de la alegría y de la felicidad es deber fundamental en la vida.

Su taller de periodistas sigue abierto. Enseña que la libertad tiene como contrapartida la responsabilidad. No hay derechos sin deberes. El periodismo tiene más que ver con lo verosímil que con la verdad, aunque a través del periodismo lo verosímil pueda transmutarse en verdad social. Deslinda la diferencia entre lo uno y lo otro: lo verdadero guarda conformidad real con las cosas y el concepto que de ellas forma la mente; lo verosímil tiene apariencia de verdadero, aunque no resista la prueba ante la verdad real de los hechos. El imperativo ético del comunicador profesional es su compromiso con la verdad; la obligación ética de la empresa informativa es su compromiso con la veracidad.

Escribe correspondencias para la revista cubana Bohemia. The Associated Press, la más potente agencia de noticias de Estados Unidos, lo contrata como su corresponsal en Costa Rica; su nombre aparece en la prensa de las Américas en los despachos de la AP.

Reanuda los estudios de derecho. Ha estado en el cogollo del mando del Estado y siente la necesidad de ampliar las bases de su conocimiento doctrinal, filosófico e histórico. Quiere, además, probar suerte en el foro, reencontrarse con su primera opción profesional.

Participa diligente en la conducción de la Asociación de Periodistas de Costa Rica, que impulsa la creación del Colegio de Periodistas. El gremio de los diaristas hace suya la iniciativa del periodista don Guillermo Villegas Hoffmaister, quien trae de España la propuesta de abrir la carrera de Ciencias de la Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica.

Comienza entonces el desarrollo sistemático de su magisterio universitario como profesor de Historia del Periodismo y otras materias. Varias generaciones de comunicadores son formadas por él, en apetecidas clases que van con maestría del presente al pasado y resultan relevantes siempre. Les enseña a informar con exactitud y con verdad; no omitir nada de lo que la ciudadanía tenga derecho a conocer; usar siempre la forma impersonal y culta sin perjuicio de la severidad y de la fuerza del pensamiento crítico; desechar los rumores para afirmar únicamente aquello de que se tenga convicción afianzada por pruebas y documentos. Antes de escribir, recordar cuán poderoso es el instrumento de difusión de que se dispone: el daño causado al funcionario o al particular por la falsa imputación, no se repara nunca totalmente con la aclaración o rectificación concedida; guardar altura y serenidad en la polémica y no afirmar nada que se haya de borrar al día siguiente. En fin, nadie debe escribir como periodista lo que no pueda decir como caballero.

Es independiente, no hombre de partido. Coadyuva, sin embargo, en las campañas políticas de la época. Inolvidable es el lema triunfal de “el hombre de las manos limpias”. Es tan eficaz su dominio de la Comunicación Política, que desde las filas adversarias se lo distingue con el odio, el cual, dichosamente, no lo alcanza a él ni a quienes lo conocen.

6. Viceministro de Industria y Comercio (1966-1970)

El presidente don José Joaquín Trejos Fernández, Benemérito de la Patria, lo llama al gabinete como viceministro de Economía, Industria y Comercio, cartera encargada al célebre empresario don Manuel Jiménez de la Guardia.

Cumple diversas responsabilidades políticas. Es directivo de la Oficina del Café y viaja a Londres donde se reúne el concejo de la Organización Internacional del Café. También es directivo de la Liga Agrícola e Industrial de la Caña. Integra el comité de crisis establecido para hacer frente a la situación creada por la desastrosa erupción del volcán Arenal en 1968.

Su vocación agrícola crece con el correr de los años. Sus primeros trabajos son en la Colonia Carvajal de Sarapiquí donde hereda, con su hermano Carlos, la finca de un tío, cuyo acceso distaba hora y media del camino transitable, la cual venden a un cura. Después adquiere una finca ganadera en Sardinal, en tierras irrigadas por las aguas que bajan de Monteverde y la sierra de Tilarán, la que también vende. Luego compra tierras en Horquetas de Sarapiquí donde produce palmito, tiene un feed-lot y cría caballos. Escribe un ensayo histórico acerca del reconocimiento internacional del Caballo Costarricense de Paso. En el patio de su casa en Montes de Oca, experimenta con pastos mejorados como el maralfalfa de origen colombiano.

Al trabajar la tierra con sus propias manos, comprueba gozoso que la agricultura es una actividad multifuncional, insustituible para la marcha equilibrada de la sociedad siempre y en todo lugar. Forma de vida que trasciende la producción y el intercambio de bienes, en Costa Rica se prueba que la agricultura familiar es un ambiente, es una historia, es una cultura en estrecha comunión con la madre naturaleza. Las más genuinas virtudes de la democracia y los más sólidos valores de la nacionalidad, se arraigan y se protegen mejor en el campo, entre los pequeños y medianos productores agropecuarios.

7. Abogado y notario (1970-2005)

Culmina los estudios jurídicos en la Universidad de Costa Rica a los 48 años de edad. La tesis de graduación Nueva Ley de Comunicación Colectiva, en sustitución de la actual Ley de Imprenta, conjuga su vasta experiencia periodística y política con las disciplinas del derecho. Es uno de los primeros trabajos académicos en los que se cuestiona a fondo, con despejada solvencia, el estado de cosas imperante en materia de libertad de expresión. El titular preponderante de las garantías constitucionales es el ciudadano, con prelación de otros factores o intereses.

El Patriarca de los Periodistas, don Alberto F. Cañas, dice que mientras él deja el derecho para dedicarse al periodismo y la enseñanza, Quincho –así es afectuosamente llamado– se retira del periodismo para dedicarse al derecho. Es solo un decir porque jamás comete apostasía de su pasión periodística. “El periodista nace y nunca se deshace”, según feliz definición de Modesto Martínez.

Son atributos de su praxis jurídica de tres décadas y media la meticulosidad en la investigación de los hechos; la precisión en la construcción de la prueba; el orden sistemático en el desarrollo del argumento; la fundamentación legal, doctrinaria y jurisprudencial de sus escritos acostumbradamente claros. Traslada del periodismo a la abogacía las mejores prácticas del oficio –oficio que reina soberano en su alma y en su mente–.

Por muchos años es asesor jurídico de la Cámara Nacional de Radio, de la Liga de la Caña, así como de empresas e instituciones de nota. Prestigiosos bufetes lo buscan para asociar su nombre a elencos de abogados más jóvenes y especializados en Europa. El gremio abogadil, la judicatura y la magistratura procuran su ilustrado criterio, culto y prudente, en asuntos que trascienden a la esfera pública.

La consideración y el respeto que gana en los estrados forenses hacen que la Asamblea Legislativa acuerde en 1987 elevarlo a la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia como Magistrado Suplente, responsabilidad que cumple a lo largo de dieciséis años. Ahí se reconocen más concretamente sus conocimientos en el vidrioso terreno de las libertades fundamentales relativas a la emisión del pensamiento. Las sentencias que redacta abren surco y en ellas estudian jueces y magistrados que dilucidan casos afines.

8. La República (1978-1985)

Cuando su leal amigo don Rodrigo Madrigal Nieto es electo diputado, le pide que vuelva al periodismo activo y lo sustituya en la dirección del diario La República. Exuda madurez en una cabeza ya coronada por la albura de la sapiencia.

A los 60 años de edad retorna al timón de un órgano de prensa. Guía a jóvenes colegas que podrían ser nietos suyos: dedica atención personal y tiempo adecuado a cada uno. Las letras jamás deben someterse: el periodista nunca teme nada de nadie, millonario o poderoso, mientras tenga un Director integérrimo que lo respalde. En la etapa del revenar de su enamoramiento con el oficio, escribe sesudos análisis y comentarios editoriales. Su pensamiento es firme y armonioso, su opinión es sedosa y serena, sus escritos son ensayos sonoros y elegantes.

Hace un breve hiato en 1981 para acompañar a don Mario Echandi en su postrer intento por reconquistar la Presidencia de la República. Sabe que no hay chance, pero en homenaje a la amistad y por deber de civismo acepta que su nombre figure como aspirante a la Vicepresidencia. Pasada la campaña, retorna al periódico.

Su prestigio intelectual y su valía moral son requeridos por todo el país. Es llamado a varias juntas de notables. Integra el Centro de Estudios Jurídicos José Francisco Chaverri. Preside la Comisión de Reconciliación Nacional, dentro del Plan de Paz de Esquipulas. Es miembro de la Comisión de Rescate de Valores Patrios.

La tragedia toca de nuevo a su familia cuando su hermano gemelo, don Carlos, casi muere en el atentado de La Penca (1984). Tres periodistas y un camarógrafo fallecen y 22 resultan heridos por el estallido de una bomba durante una conferencia de prensa. La investigación del doloroso suceso, sigue abierta.

Cada vez consagra más consideración y tiempo a su señora esposa, a sus nietos, a su familia. Se robustece en el calor del hogar y en el cariño de su núcleo afectivo. Palpita con el acontecer nacional que percibe y analiza día con día a través de la prensa, la radio y la televisión. Sigue enhiesto en el foro, hasta que los resultados de los litigios comienzan a afectar su salud porque quiere hacer suya la suerte de los clientes. Madrugador insigne, nunca se queja por las vicisitudes de la senectud que sobrelleva con estoicismo.

9. Observatorio de la Libertad de Expresión (2006)

Acepta el llamado del Colegio de Abogados, del Colegio de Periodistas, del Colegio de Ciencias Políticas y de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica, para unirse a la fundación del Observatorio de la Libertad de Expresión.

Le preocupa la laxitud en las normas profesionales del periodismo, que socava la fuerza moral de la prensa como institución. Cuestiona las tendencias a la reversión de la prueba que implicaría la importación del principio de la “real malicia”, así como a eximir de responsabilidad a periodistas y empresas de aceptarse el principio de la “reproducción fiel”. Estima riesgosos para la democracia la enervación de los partidos políticos y el simultáneo empoderamiento de empresas de comunicación que se arrogan por la libre la representación del interés público y asumen tareas políticas sin controles sociales normados. Advierte la creciente importancia de las tecnologías de información y comunicación en los procesos democráticos.

Participa en varias reuniones preparatorias y en el acto de constitución del Observatorio en julio pasado. Son contagiosos su sentido del humor producto de la inteligencia y su risa franca fruto del contentamiento vital. Con circunspección suma, aconseja audacia y discernimiento, valor y comedimiento, sensatez en cada paso.

A los 84 años de edad, su generoso corazón se detiene el 17 de setiembre de 2006. Un diario titula la noticia: “Murió un maestro de periodistas”. Es la solemne puesta de sol de un maestro de vida, un cultor de la ley y el derecho, un preceptor de la verdad y la tolerancia en la comunicación, una formidable vocación agrícola y patriótica, un faro de la democracia y la república. Buen esposo, buen amigo y buen ciudadano, solo que lo es de veras y en grado eminente.

En el funeral, el eclesiástico insta a los fieles a honrar su memoria con la práctica cotidiana de valores por él personificados, como la verdad, la fraternidad genuina, la libertad y la paz. Y por encima de todo, el hondo amor activo a Costa Rica.

Su ilustre señor padre, don Joaquín Vargas Coto, escribió hace 48 años una verdad sobre don Ricardo Jiménez Oreamuno, justa hoy para su hijo don Joaquín Vargas Gené: “La mejor de todas sus obras es la lección de su vida”.