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Contra el "destino manifiesto"
Abril 23, 2007 07:27 AM


Líder: Juan Rafael Mora dirigió la lucha nacional que venció a William Walker hace 150 años

La victoria decisiva de Costa Rica sobre el filibusterismo de los Estados Unidos el 1° de mayo de 1857, es el hecho más prodigioso de nuestra existencia democrática y republicana. Si el expansionismo territorial usamericano hubiese imperado, habría desaparecido la nación soberana nacida en 1821. A los 36 años de la emancipación del Imperio Colonial Español, el país conquista a fuego y sangre su Segunda Independencia.

El triunfo de Costa Rica alcanza dimensiones continentales. El imperio del filibusterismo esclavista en el centro de las Américas hubiera corrido la frontera móvil de la Unión Americana muy al sur.

El efecto dominó quizá hubiera ampliado ese vasallaje hasta la Patagonia, como proponían los fundadores del experimento “divino y mesiánico” en América y sus propagandistas del troglodita dogma del destino manifiesto o del nacionalismo radical del movimiento Young America.

La prensa peruana consideró que, “si el águila del norte llega a reposar un día en las colinas del istmo, en vano será que el cóndor del sur se refugie en las cumbres del Cotopaxi y del Chimborazo”.

Es el pueblo costarricense, liderado por su Presidente Constitucional, don Juan Rafael Mora, quien derrota al filibusterismo en la batalla de Santa Rosa, en el combate de Rivas y en las acciones del río San Juan.

Las fuerzas expedicionarias de El Salvador, Guatemala y Honduras coadyuvan en la etapa final de la lucha, al igual que los combatientes nicaragüenses, pero el que yugula y corta el hilo de la vida a la falange filibustera es el Ejército Nacional de Costa Rica.

Día de gloria

El presidente Mora está atareado con las misiones especiales que en reciprocidad le envían el presidente Castilla del Perú y el presidente Montt de Chile, cuando se recibe en San José la ansiada noticia de la capitulación de Walker. Sitiado en Rivas durante cuarenta días y cuarenta noches, sin comida ni refuerzos, el filibustero cae en una profunda depresión.

La US Navy lo saca vivo, en una “intervención misericordiosa” del presidente Buchanan, antes de que los aliados centroamericanos lo destrocen. Tres años atrás se había entregado en Baja California a las fuerzas de los EE. UU. y en Nicaragua también se arropa con las barras y las estrellas para salvarse.

Es un “día de gloria para la raza latina que ha sabido defender su religión y su Patria y escarmentar debidamente a la horda salvaje que intentara sumirnos en la más oprobiosa esclavitud”, exclama jubiloso el Presidente Mora. Al inicio de las hostilidades había convocado para “combatir a los que tratan de esclavizarnos y de atropellar hasta lo más sagrado, […] a lidiar por la Patria, para conservar la Religión de nuestros padres”.

A los pocos días arriba el embajador de Chile, Francisco Astaburuaga, quien aquilata que “a Costa Rica se debe el haber dado la voz de alarma, de haber iniciado y sostenido con gloria la cruzada de exterminio de los invasores del suelo centroamericano. […] Pueblo pacífico por carácter, se le vio en un momento animado por la chispa eléctrica del patriotismo, aprestarse a la pelea, formarse por sí mismo su equipaje y provisiones de guerra y marchar a vindicar su nacionalidad conculcada por inmorales invasores. […] La resistencia fue heroica, animados los costarricenses por el arrojo de sus oficiales y la presencia de ánimo de su General en Jefe, el Presidente Mora, que conservó su puesto en medio de los mayores peligros”.

En efecto, durante el cruento y dilatado combate de Rivas, el Presidente Mora “estaba en su puesto, pronto a luchar como soldado, pronto a acudir a donde fuera necesario”, asienta un documento de 1856. “Todas las órdenes que produjeron y aseguraron el triunfo fueron dadas por él y por el general don José Joaquín Mora, a quien no permitió dejar el cuartel general, a pesar de su deseo de salir a pelear como subalterno. […] Para sacar de su guarida al enemigo, Su Excelencia [el Presidente Mora] mandó poner fuego al mesón en que Walker estaba, buscando en nuestro equipaje mismo lo necesario para hacerlo pues las mechas incendiarias, el alquitrán, así como muchos otros objetos necesarios, habían quedado en Moracia a pesar de sus repetidas órdenes”.

Desde antes de cruzar la frontera con Nicaragua, el presidente Mora tenía planes de incendiar escondrijos de filibusteros, y sería él mismo quien ordena prender fuego al mesón o posada de Francisco Guerra, albergue de Walker.

El Presidente Mora se consagra en la jornada de Rivas por su conducción estratégica y su valor personal. Un militar guatemalteco dice que el gobernante, “que nunca ha sido militar, emplea su sentido común y su concepto de la responsabilidad, mejor que todos los generales que lo rodean”.

Hombre solar

Al cabo de casi cuatro décadas de estudio, concluyo con la certeza de que, para la mayoría de los costarricenses, la faz luminosa del Presidente Mora ha permanecido velada por siglo y medio. Quienes rompen el orden constitucional (1859) y cometen el atroz magnicidio (1860), asesinan también la personalidad del Mártir de Puntarenas al escribir –con manos teñidas de sangre– el guión de la leyenda sucia que lo desfigura en la historia ordinaria, repetida en ánimo parricida desde el desconocimiento.

Creo que el Presidente Mora tiene todavía mucho que hacer en Costa Rica. Creo que ha sido el mejor Presidente de la República. Creo que nuestra personalidad nacional tiene raíces en su ejemplo y en sus ideales, los cuales saturan de ideas-fuerza la historia y el porvenir de la nación.

Creo que todos los costarricenses somos hijos de don Juan Rafael Mora, de su espada, de su sabiduría, de su sacrificio. Creo que es padre de la abolición de la pena de muerte. Creo que es padre de nuestra democracia. Creo que es hombre solar, homagno que acepta su misión, la ennoblece y la cumple.

El bicentenario de su nacimiento se celebrará en el 2014 y, Tatica Dios lo permita, conoceremos mejor su vida, su pensamiento, sus actos. Tenemos derecho a conocer la verdad real, que se nos ha ocultado hasta ahora. Esa verdad nos hará más libres. La Historia y la nación deben pagar esta deuda de justicia.

En la encrucijada actual, Costa Rica necesita luz, más luz.

Adelantos del libro El lado oculto del Presidente Mora: resonancias de la Guerra Patria contra el filibusterismo de los Estados Unidos (1850-1860), de Armando Vargas Araya. El libro se presenta el 26 de abril a las 5 p. m. en la Corte Suprema. Comentan la Dra. María Amoretti Hurtado y el MSc Luis Guillermo Solís.

(Revista ÁncoraLa Nación)