• Una línea que deshonra la victoria de Costa Rica sobre la falange esclavista
Repudio el desdén visceral a la Costa Rica heroica que embebe el texto “Nuevos libros, vieja historia” de don Iván Molina (La Nación, 12/5/07). Rechazo la censura que pretende dictar contra mi libro El lado oculto del presidente Mora, que evidentemente no ha leído. Denuncio los embustes de su escrito y las insinuaciones malévolas de su libelo.
Los sediciosos que rompen el orden constitucional en 1859 tienen el tupé de escribir que la Guerra Patria contra el filibusterismo del destino manifiesto fue “un episodio solamente en las empresas del tránsito”, que el presidente Mora “no desenvainaba la espada por principios, ni por conveniencia nacional” llamó a las armas. Es precisamente la misma línea de Molina que deshonra ciertamente la victoria de Costa Rica sobre la falange esclavista. Aquella hazaña no se “distorsiona”, más bien se enaltece en mi trabajo.
Al lado del de Maratón. El geógrafo Élisée Reclus escribió en París (1891): “¿Por qué el nombre de Rivas no toma sitio en la historia de los hombres, al lado del de Maratón? Las peripecias de la lucha americana no han sido menos emocionantes que las de los conflictos entre Europa y Asia, y la causa que triunfó no fue menos gloriosa”. Entre Reclus y Molina, prefiero al sabio francés.
Hay quienes aún defienden al bando de los Estados Unidos contra Costa Rica, en la campaña 1856-1857 por la Segunda Independencia Nacional. Los filibusteros eran “auxiliados con dinero, armas y recursos de toda especie por una mano tal vez no muy oculta para los que conocen la historia de las repúblicas americanas”, dijo el canciller Joaquín Bernardo Calvo (1855). Pero en ninguna parte de mi libro afirmo que el Gobierno de los Estados Unidos promovió a William Walker, aunque gozó del apoyo de factores de poder en el Ejecutivo y el Congreso.
Lo que el profesor Robert E. May demuestra en Manifest Destiny’s Underworld es que en los archivos de los Estados Unidos no encontró papeles oficiales que prueben alguna complicidad gubernamental con Walker. Sin embargo, dice: “Los Estados Unidos acumulan un record manchado en lo tocante a la represión del filibusterismo. No solo partía una expedición tras otra de su territorio, sino que los filibusteros generalmente gozaban de impunidad por sus delitos, aun cuando las autoridades civiles y militares los capturaran” (pág. 166). ¿Lo habrá leído Molina? No se vale tirar arena a los ojos de los lectores, como intenta hacerlo el espadachín de “los invencionistas de la nacionalidad”.
Cantaletas repugnantes. Carente de razones, don Iván adoba su escrito con dos cantaletas repugnantes para los lectores de La Nación: “corrupción” e “izquierdismo”, pero sin ninguna prueba. Subjetivismo puro y duro, visceral, pues.
El derrocamiento del presidente Mora, afirma el New York Times el 14 de setiembre de 1859, “es una inmensa injusticia, desaprobada por su pueblo. Es el más sabio y el más honesto de los gobernantes de la América española. […] Sin el valor, la energía y los sacrificios personales de Mora, Nicaragua y Costa Rica estarían hoy bajo el dominio de William Walker. Mora no solo motivó a su pueblo para tomar las armas en una guerra santa, sino que los convenció de poner sus ahorros en los cofres del Estado para proseguir la lucha.
“Su fortuna vino a menos en la guerra. Su mejor hacienda, valorada en $100.000, fue hipotecada para financiar el esfuerzo bélico, finca cafetalera que ha sido vendida para sufragar parcialmente la deuda que el Gobierno no ha podido pagar”.
¿“Izquierdistas” don Cleto González Víquez, don Elías Leiva Quirós, don Ricardo Fernández Guardia, don Teodoro Picado Michalski, don Carlos Jinesta, don Raúl Lucas Chacón, don Antonio Zambrana? ¡Alto a la charlatanería, señor Molina!
Woodward y Vasconcelos. El eminente historiador estadounidense, Ralph Lee Woodward Jr., dice que es el presidente Mora quien “toma la decisión de dirigir la oposición latinoamericana a Walker”. El filósofo mexicano José Vasconcelos escribe: “Costa Rica, rompiendo su aislamiento, venciendo su modestia, se constituye en conciencia de la América española. […] El 20 de marzo (batalla de Santa Rosa) “es fecha que debiera ser festejada en todo el continente. […] En este día todos los maestros de escuela de la América española deberían relatar a sus alumnos los pormenores de esta gloriosa acción de armas”. Entre Woodward, Vasconcelos y Molina, prefiero al norteamericano y al mexicano.
El monopolio de la verdad es mentira. Y don Iván pretende precisamente monopolizar la verdad histórica. Mi trabajo es independiente de escuelas, capillas o partidos, sin atadura alguna a becas o donativos, instituciones o gobiernos.
¿Cuándo publicará don Iván su visión de conjunto de la Guerra Patria? Mientras tanto, invito a leer El lado oculto del presidente Mora. Que cada quien juzgue por sí mismo.
(La Nación)