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La visión filibustera
Junio 16, 2007 11:41 PM


William Walker recibió el apoyo de los expansionistas norteamericanos de la “Joven América”

Las ideas subyacen bajo los procesos históricos. Hay factores ideológicos tras la conducta de los actores internacionales. El expansionismo es una idea-fuerza en la década de 1850.

Vinimos aquí como columna de vanguardia de la civilización americana”, arenga William Walker a su gavilla. “Nuestra misión se extiende más allá de los límites de la visión ordinaria y abarca el destino no solo de Nicaragua sino tal vez la redención y civilización apropiada de toda la América española”.

Walker es el destino manifiesto y es la “Joven América”.

El filibusterismo y el destino manifiesto son una sola cosa para Albert K. Weinberg. En su obra clásica Destino manifiesto: un estudio del nacionalismo expansionista en la historia de los Estados Unidos (1935), dice: “El filibusterismo se propone extender la civilización anglosajona a regiones habitadas por ‘ignorantes’.”

Para don Luis Molina, nuestro embajador en Washington, el “cáncer social” del filibusterismo “cuenta con un seguro asilo de impunidad, si es repelido, y con que sus trofeos serán aceptos a la nación, su botín legitimado y, ensalzadas sus piráticas proezas, si las corona la victoria. [Walker] es impelido por el movimiento extraviado de esta nación, la representa y tiende a la dominación absoluta […] de las Repúblicas Hispanoamericanas”.

Expansionismo

La Guerra contra México engendra el filibusterismo (1848-1860). Se organizan dos expediciones contra Cuba, se tantea una contra el Ecuador y tres van al Pacífico mexicano. Un camarada de Walker invade Sonora y su cabeza es conservada para escarmiento… en mezcal. Se informa de expediciones a la Amazonia, Hawai, Irlanda, Santo Domingo, Venezuela y Yucatán. Como mínimo, 5.000 hombres participan en proyectos filibusteros.

Nuestro canciller don Joaquín Bernardo Calvo recela del expansionismo agresivo: “¿Puede ser infundado ese temor cuando hemos presenciado o sabemos los excesos cometidos en México por esa ralea de gentes, las invasiones de Cuba, las escandalosas escenas del Istmo [Panamá] y, por último, el incalificable bombardeo e incendio de San Juan del Norte?”

Young America (Joven América) es un movimiento del partido Demócrata (1840-1857) que combina universalismo democrático con nacionalismo agresivo, libre comercio y acceso a mercados externos con anexionismo territorial.

El Club de Pioneros Young America de Nicaragua obsequia una espada a Walker, quien la recibe en ceremonia destacada por El Nicaraguense (Granada).

Costa Rica avizora el peligro del nacionalismo expansivo. El periodista don Emilio Segura escribe: “El coloso del Norte avanza. Ese pueblo-esponja, que desea absorber cuanto existe, esa nación-boa que tortura a Nicaragua, amenaza devorar nuestras fluctuantes nacionalidades. […] El águila rapaz se cierne sobre nosotros: si no queremos sucumbir cobardemente entre sus garras, unámonos y […] consolidemos nuestra nacionalidad”.

Hay una imbricación gordiana entre el filibusterismo, la “Joven América” y el destino manifiesto, encarnados en Walker. Sus contemporáneos, y los eruditos más respetados de los Estados Unidos, así lo atestiguan y exponen.

Coincidencia

El destino manifiesto no llega a ser doctrina; es lema periodístico venido a más: los dientes de leche que le salen a la doctrina Monroe (1823). Expresa el Zeitgeist o espíritu epocal de aquellos Estados Unidos.

Defensor de Walker, el procurador general Caleb Cushing define la misión de “la excelente raza blanca: cristianizar y civilizar, ordenar y ser obedecida, conquistar y reinar. […] Los hispanoamericanos, debilitados por su evidente incapacidad de autogobierno, se preparan a recibir al pueblo y las leyes de los Estados Unidos”. Véase, de Reginald Horsman, La raza y el destino manifiesto: orígenes del anglosajonismo racial norteamericano (FCE, 1985).

En San José, don Adolphe Marie lo sabe: “¿Quién no se estremecerá, al pensar que […] conviene quizá al destino manifiesto que […] desaparezcan los hispanoamericanos de la faz de la tierra? […] ¿Quién no se entregará a la desesperación [ante] brutales actos que tendrán por inevitable resultado el nombre escarnecido, la raza perseguida, la familia dispersada, el hogar asaltado y, finalmente, la nacionalidad aniquilada?”

Walker llega a Nicaragua sin un certificado que acredite su militancia en el destino manifiesto o la “Joven América”, pero sus dichos y hechos la demuestran.

Las acciones de Washington lo favorecen de manera directa. A la declaratoria de guerra contra el filibusterismo, el secretario de Estado, William L. Marcy, objeta: “Hubiera sido de esperar que Costa Rica mantuviera una actitud estrictamente defensiva con respecto a Nicaragua (sic)”.

Ajusticiados unos invasores por el asesinato de varios guanacastecos, Marcy acusa de bárbaro al país y advierte que “se expone a la enemistad de aquellas cuyos súbditos o ciudadanos sean víctimas de salvaje crueldad”.

Se gestionan 2.000 rifles en Inglaterra para ejercer el derecho inmanente de legítima defensa, y Washington se inconforma. El reconocimiento diplomático al régimen filibustero, dice Marcy, “se precipita por la conducta del Gobierno Británico de proporcionar ayuda a Costa Rica”.

Cercado Walker por los ejércitos centroamericanos, lo rescata la US Navy: una “intervención misericordiosa” del presidente Buchanan, dice el historiador Ralph Lee Woodward, Jr.

Enemigos

La laxitud de Washington ante Walker, la reacción airada ante la Costa Rica que se da a respetar, la discrepancia con el Reino Unido por la venta de las armas, el reconocimiento diplomático al régimen filibustero, el salvamento providencial del bucanero vencido, son indicios claros y concordantes de que los Estados Unidos van mucho más allá de una simple tolerancia.

No hace falta un contrato de conquista para descifrar quién respalda a Walker. Los patriotas Molina, Calvo, Segura o Marie no necesitan examinar un papel para comprenderlo. Tampoco lo necesitan Lord Clarendon para que Londres determine que “los filibusteros ciertamente son apoyados por el Gobierno” de Washington, ni el papa Pío IX para sindicarlos de “bandas de forajidos norteamericanos, cuyos principios y actos son antisociales, anticatólicos y antihumanos”.

Sorprende que, aún hoy, se propale que Walker fue –como quien dice– un chopo alquilado para dirimir un pleito entre nicaragüenses. La verdad es que el filibusterismo, el destino manifiesto y la “Joven América” fueron el enemigo de Costa Rica.

“Por dicha”, escribe don Teodoro Picado en 1922, “ni el Presidente Mora ni sus ministros eran Boabdiles”. El último emir de Granada, Boabdil, llora sobre una colina al ver su ciudad, y su madre lo regaña: “No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

(Revista ÁncoraLa Nación)