• Palabras en la presentación del libro Clarín Patriótico: guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense, del historiador don Juan Rafael Quesada, en el auditorio de la Asamblea Legislativa, 28 de junio de 2007.
1. La acción cívico-pedagógica de don Juan Rafael
Clarín Patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense, aparecido a finales de 2006, es el penúltimo libro del Dr. Quesada Camacho. Porque la Editorial de la Universidad Costa Rica acaba de publicar su obra Educación y ciudadanía en Costa Rica de 1810 a 1821: del crepúsculo colonial al umbral de la modernidad política, no presentada aún al público.
Jubilado ya como catedrático de Historia por la academia primada de la república, en la que aún trabaja ad honórem, don Juan Rafael alcanza ahora uno de los momentos vitales al adentrarse en su zona del akmé: la florescencia de la plenitud cuando, según Aristóteles, el hombre asciende a la cima espléndida de la creación y el alma es más perfecta, el espíritu, la inteligencia y la voluntad logran su mayor vigor. Es tan decisiva esta transición en las edades del hombre, que un erudito griego del siglo II de nuestra era, Apolodoro de Atenas, propuso en su obra Chroniká, la sustitución de la fecha de nacimiento en las biografías, por el akmé, como indicador del período de mayor afirmación y notoriedad de la persona.
Desde la Asociación Ciudadanía Activa, el Dr. Quesada Camacho ejerce influencia apreciable en profesores de Estudios Sociales, quienes esparcen, por los colegios de todo el país, oportunas enseñanzas de educación cívica. En el Observatorio de la Libertad de Expresión, encabeza la iniciativa que organiza un programa escolar y colegial de enseñanza sobre el derecho ciudadano a la información. Coordina la edición de la serie Cuadernos para la Ciudadanía, de la editorial universitaria. Es conferencista de agenda completa, invitado por maestros de Nicoya la semana anterior, y de la frontera con Panamá la siguiente. Esto quiere decir que la obra presentada y discutida aquí, es parte de una labor incesante.
Doctorado en Historia por la Universidad de París III en 1984, don Juan Rafael investiga, produce, publica y difunde conocimiento de altos quilates, desde la monografía de su terruño, San Joaquín de Flores, hasta la biografía intelectual del recordado Rector Magnífico de la Universidad de Costa Rica, don Carlos Monge Alfaro. Pasa con pareja destreza de la cátedra al periódico, de la revista a la mesa redonda, de la conferencia al libro.
Imborrable es la huella que él y la Dra. María Eugenia Bozzoli, entre otros distinguidos compatriotas, marcaron con su lucha a favor del pluralismo cultural, que transformó el aniversario del desembarco, en el Día de las Culturas.
Descuella su obra historiográfica sobre el afán educacional que caracteriza, desde la aurora, a nuestra nación. Democracia y educación en Costa Rica, en primer término. Luego, La educación en Costa Rica 1821-1914. En fin, Historia de la educación 1821-1840. Por eso es tan apreciada su participación en el Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Artes.
Resulta lógica la colaboración del Colegio de Licenciados y Profesores con el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, en la publicación de la obra que nos congrega. La cual, por cierto, circula exitosamente en los más diversos ámbitos pero, sobre todo, entre los maestros.
2. La Guerra Patria y la nacionalidad costarricense
El libro del Dr. Quesada Camacho demuestra, de modo fehaciente, cómo la Guerra Patria de 1856 y 1857 fue el crisol que perfeccionó la fragua de la identidad costarricense.
Con toda naturalidad, así lo habían adelantado respetados estudiosos. El país va a la batalla contra el filibusterismo, explicaba don Enrique Macaya Lahmann, «por defender una institucionalidad, la de sentirnos ya Estado autónomo, pleno, orgánico y con un posible futuro firme y brillante». Don José Abdulio Cordero escribe que «Costa Rica echa centenares de sus hijos a los lobos yanquis para guardar el futuro de la nacionalidad». Y don Mario Alberto Jiménez opinaba que aquella «guerra combina en forma definitiva todos nuestros elementos nacionales».
Estas apreciaciones de compatriotas, coinciden con las de observadores y eruditos extranjeros. El historiador usamericano William O. Scroggs definió que «Costa Rica tiene [en 1856] un concepto profundo de nacionalismo. Le alarma la idea de que la invasión pueda conducir a la americanización de una parte del istmo, puesto que bien puede ser ello el primer paso de la pérdida de su propia nacionalidad». El diplomático chileno Francisco Astaburuaga explica que «a Costa Rica se debe el haber dado la voz de alarma, de haber iniciado y sostenido con gloria la cruzada de exterminio de los invasores del suelo centroamericano, […] de haber recogido con bizarría el guante que se le arrojaba. […] Pueblo pacífico por carácter, se le vio en un momento animado por la chispa eléctrica del patriotismo, aprestarse a la pelea, formarse por sí mismo su equipaje y provisiones de guerra y marchar a vindicar su nacionalidad conculcada por inmorales invasores. […] La resistencia fue heroica».
Hay que subrayar que al Dr. Quesada Camacho no le tiembla la pluma para explorar y exponer sobre el sano nacionalismo y el saludable patriotismo, que del norte reprueban cuando conciernen a nuestros países, al tiempo que los invocan, sin ambages, cuando de la defensa interior o de la expansión de su hegemonía global se trata.
El solo rescate del folleto publicado en 1857 por don Tadeo N. Gómez con el título de Clarín Patriótico, es un hecho notable por sí mismo. Sacarlo a la luz desde un cono de sombras que lo mantuvo invisibilizado durante siglo y medio, es un hito. Su publicación con notas contextuales y explicativas, hubiera garantizado el crédito merecido por don Juan Rafael. Sin embargo, él decidió hacer mucho más.
En la parte más extensa de su libro, estudia el proceso dinámico de la construcción colectiva de la nacionalidad. Cree en el nacionalismo, como actitud de la persona hacia la identidad autóctona y como sustento de la autodeterminación soberana. Una identidad arraigada en hechos fundacionales, que se interpretan y se entienden de acuerdo con un proyecto. En el ejercicio de su libertad y de su responsabilidad ética, el autor escoge y excluye algunos hechos, con base en criterios de selección propios. Por eso es que no existe una historia única, ni tampoco una sola forma de trabajar la historia; hay multiplicidad de historias que compiten entre sí. Toda producción historiográfica es, simplemente, una historia provisional –ser es devenir–.
El nacionalismo que defiende el Dr. Quesada Camacho es solidario y cosmopolita, el cual permite, desde pilares sólidos, tender puentes firmes hacia todos los rumbos, en el imparable proceso de mundialización: afirmar lo nuestro sin dejar de ser generosamente universales. Coincide con el concepto de nación que difunde el periódico Eco de Irazú en 1854 y 1855, ya en combate político y diplomático contra el filibusterismo, para asegurar «paz sincera; estabilidad en el gobierno; libertad fundada en el respeto de todos los derechos; igualdad consagrada por el cumplimiento de todos los deberes; democracia como consecuencia del desenvolvimiento político». Un nacionalismo que garantice hábitos de orden, amor al trabajo, respeto al imperio de la ley, «devolver sus fueros a la justicia, mejorar la educación pública, generalizar los beneficios de la instrucción, abrir nuevas fuentes a la producción y nuevos canales al consumo, establecer y arraigar el gran principio de la libertad de comercio; en una palabra, progresar, enriquecerse, engrandecerse y conquistar así un puesto honroso en el gran concierto de las naciones civilizadas». Esta cita de aquel periódico demuestra cuáles eran las ideas políticas que se discutían en San José en vísperas de la Guerra Patria.
Son numerosos los testimonios que invoca don Juan Rafael para explicar, aclarar y afirmar que los compatriotas del 56 tenían conciencia lúcida del significado mayor en el trascendental conflicto con el expansionismo armado procedente de los Estados Unidos.
3. Crisis de la identidad nacional
El libro cae como agua fresca sobre tierra seca, porque Costa Rica tiene hambre y sed de valores autóctonos y de identidad nacional. El conjunto de las personas que habitamos este territorio, padece angustia existencial –esa experiencia por la que la persona se abre a su propio ser, se singulariza y hace patente su libertad–. Es una crisis del alma, de ese principio vital que anima al ser humano, que abarca las facultades del pensamiento, la acción y la emoción, que los cristianos concebimos como entidad inmortal. En el maelström o torbellino triturador de la mundialización, necesitamos brújula. ¿De dónde venimos como pueblo, cuál es nuestra personalidad nacional, hacia dónde ir? En 1926 se interrogaba el maestro Omar Dengo: “¿Dónde está el Presidente Mora que levante la cabeza para dar a su pueblo un alto sentido de responsabilidad histórica?”
No está sola Costa Rica en la angustia generada, como efecto colateral, por la mundialización. En los recientes comicios de Francia, los dos candidatos principales plantearon el tema de la identidad nacional. Uno, anunció el propósito de crear un ministerio de la identidad y la inmigración. Otra, pedía que cada familia engalanara su hogar con el tricolor nacional en los días de fiesta y que siempre se cante La Marsellesa. Se trata de fortalecer la identidad nacional con el propósito de afirmar lo nuestro y, al mismo tiempo, ser ecuménicos.
Hay, además de los valores de la identidad nacional, una forma de ser costarricense, expresada en las últimas declaraciones de don Ricardo Jiménez Oreamuno, concedidas al periodista don Joaquín Vargas Coto. Vale la pena recordarlas: “Los ticos son, por suerte, como las mulas de noche en los malos caminos, que parece que huelen los precipicios. Los va salvando el instinto. Desconfiados, nunca se precipitan; calculadores, miden despacio las posibilidades; disimulados y cazurros, conocen bien el camino de su casa, y con los más sencillos campesinos, es preciso conocerlos mucho, para no equivocarse con ellos. Por eso las doctrinas importadas no encuentran aquí, como en otros medios, una acogida entusiástica. Los costarricenses, poco a poco, van rumiando las cosas y adoptando lo que les conviene y apartando lo que no entienden muy bien o en lo que olfatean peligro. El comunismo, que es doctrina de avanzada, no pegará en Costa Rica hasta que no se haga a la tica, sancochado en nuestro propio fuego de leña de café y servido con nuestra salsa”.
4. Del lado de Costa Rica
El Clarín Patriótico es de tal manera pertinente en la hora actual, que la obra de don Juan Rafael ha contribuido a desatar una inusitada polémica historiográfica. Para saber qué irrita tanto a determinados individuos, matriculados en proyectos inconfesables, hay que leer este libro. En el debate, el Dr. Camacho Quesada está firme del lado de Costa Rica.